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miércoles, 19 de mayo de 2010

APENITAS 53 AÑOS

 Hoy hace 53 añitos, hice mi Primera Comunión. ¡Cuántas gracias recibidas! ¡Cuántos bienes celestiales! Tu Presencia en mí, cumpliendo tu Palabra: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna". Don inmerecido pero aceptado con inmensa gratitud.

En mis recuerdos de "Tío Jesús" platiqué lo que fue aquel día. Y la imagen de abajo es mi estampita de Primera Comunión.

lunes, 29 de marzo de 2010

jueves, 10 de septiembre de 2009

TÍO JESÚS (6)

En una visita que hice a Monterrey nos fuimos Gerardo, Helena mi hija, y yo a Linares para ver a tío, era el mes de febrero y hacía bastante frío, cuando llegamos él nos abrió la puerta y su cara fue de tanta sorpresa y alegría que no paraba de abrazarnos y besarnos y decía y repetía: “Esto es un don de Dios” “Esto es un don de Dios”. La casa estaba muy fría y el estaba vestido como siempre lo vi cuando no traía su sotana, con pantalón negro y camisa blanca, y traía puesto un sweter gris un poco gastado y lo que estaba haciendo era pegar (con kolaloca) unas hojas de su liturgia de las horas (breviario) porque se le habían soltado, y para él eso era primordial.
Ya le fallaba la memoria y Gerardo le platicaba que un sacerdote amigo de tío acababa de fallecer en Monterrey y tío se entristeció y dijo: Mañana ofreceré la Misa por él. Más al rato Gerardo volvió a nombrar al sacerdote y tío ya no recordaba lo que le había dicho, se lo volvió a repetir y volvió a decir: mañana ofreceré la Misa por él. Entramos a su cuarto y sentí que entraba a su cuarto de Arramberri, los mismos muebles, el mismo librero con los mismos libros. Tan humilde, pobre y sencillo pero ahora con su cabeza completamente blanca, pero la misma mirada amable, la misma sonrisa que salía de su corazón de tío y sacerdote. Fuimos al comedor que no tenía más que unas sillas metálicas de tijera, y las puso en medio del cuarto que estaba bastante frío, y nos sentamos a platicar, hablaba con Gerardo de sacerdote a sacerdote, hablaban de la “Gracia” creo que fue cuando más conscientemente lo amé y amé su sacerdocio, él era mi tío pero sobre todo era sacerdote, estaba perdiendo la memoria pero no olvidaba ni por un momento a quien pertenecía. A Dios. Luego nos fuimos a comer, al llegar al restaurante, nos recibieron como si fuéramos gente importante, porque íbamos con tío, los meseros se acercaban y lo saludaban con mucho respeto y cariño, al rato llegó el dueño y lo mismo. Y tío seguía sin recordar que su amigo sacerdote había muerto y le enviaba saludos con Gerardo. Volvimos a la casa, estuvimos un rato más con él y me miraba y con sus manos tomaba mi cara y besaba mi frente como aquel día de mi Primera Comunión, también lo hacía con Helena y se reía de alegría y volvía a repetir: “Esto es un don de Dios”. Nos despedimos y se quedó en la puerta mirándonos hasta que dimos vuelta. Gerardo bromeaba diciendo, creo que el Padre… se va a quedar esperando su Misa…. Pero estoy segura que sí ofreció la Misa por su amigo porque también estoy segura que guardaba todos sus afectos en el Cáliz y en la Patena en donde todos los días consagraba el Pan y el Vino.
Fue la última vez que lo vi…. Un tiempo después me habló Gerardo para decirme que había muerto…. Y no lloré, sino que sentí dentro de mí que había que dar gracias, bendecir a Dios porque él ya estaba en el Cielo. Ya estaba en la casa de su Padre y desde allá sigue queriéndonos como tío y sacerdote.
Luego Chacha me platicó que al final de su vida vivió en la Casa del Obispo de Linares P. Ramón Calderón y que las religiosas que lo atendían decían que después de su muerte ellas pedían su intercesión porque lo consideraban un sacerdote muy santo.

Tengo algunos recuerdos más pero con estos basta. Están grabados en mi memoria y en mi corazón, tal vez si platicara con mis hermanos de estas cosas tendrán una versión diferente… tal vez así es….. Pero lo que sé y estoy muy segura es de que amé a Tío Jesús con todo mi corazón.

martes, 8 de septiembre de 2009

TÍO JESÚS (5)

!ALEGRÍA TOTAL, GERARDO ACABA DE MANDARME FOTOS DE TÍO JESÚS!

Luego lo cambiaron a Gral. Terán y allá fuimos a estar con él para celebrar su 40 aniversario sacerdotal. Había llovido mucho en esos días y el río estaba crecido, desde lejos se oía el estruendo del agua. La Iglesia llena de gente, todos amontonados y mi cuñada llevaba a su niña de meses, se sintió sofocada y se salió para irse a la casa parroquial donde se preparaba el festejo y Helena mi hija se fue detrás de ella, al terminar la Misa, entramos en la casa y le pregunto por Helena y anda vete que ella ni cuenta se dio de que Helena iba detrás de ella…. Qué locura, eso fue buscarla y buscarla y no aparecía por ningún lado, oía yo el ruido que hacía el río y temblaba… en fin.. que tío Jesús rezaba y todos como locos por un lado y por otro y apareció lejísimos, nos avisó la policía, porque tío Jesús los llamó. La tenía una señora que en cuanto la vio dijo: esta niña no es de aquí y se la llevó a su casa. Cuando me la dio, a mi me temblaban las piernas y sentía que me desmayaba… cuando llegamos con tío Jesús ya casi se acababa el festejo y ni habíamos comido y tío Jesús nos abrazaba y nos besaba, y daba gracias a Dios.
En 1981 ya cerca de la muerte de mamá, tío Jesús estuvo en Roma y Tierra Santa, y cuando regresó nos traía recuerdos de por allá, venía feliz, platicando todo lo hermoso que era para un sacerdote estar en Roma y sobre todo en Tierra Santa… sucedió que iba con un grupo de sacerdotes y peregrinos y fue en el tiempo en que el Papa Juan Pablo II había sufrido el atentado y se encontraba hospitalizado, y cómo fueron hasta el hospital para rezar por él como hacía mucha gente y supo el Papa que era un grupo de sacerdotes pidió que le subieran los recuerdos que traían para bendecírselos, no podía dejar a su presbiterio sin un signo de especial atención. Luego en Tierra Santa esos mismos rosarios benditos por el Papa, los llevó al Santo Sepulcro y se le llenaba la boca cuando contaba que los había metido en el hoyo de la Cruz de Cristo y eso era lo que nos traía. Tengo ese Rosario siempre cerca de mí. Tiene la bendición del Papa, tiene el dolor de Cristo y el amor de tío Jesús. Ha sido el Rosario con el que he rezado en los momentos más difíciles de mi vida y también los felices.
A los poquitos meses murió mamá después de una larga y dolorosa enfermedad, Tío Jesús la visitó en varias ocasiones, la escuchaba, la consolaba y la bendecía. El día de su funeral tío Jesús presidió la Eucaristía junto con otros muchos sacerdotes que conocían y querían a mamá y a papá y compañeros del seminario de Gerardo mi hermano que poquitos días antes había sido enviado a Roma y mamá le había dicho, tú ve a cumplir la voluntad de Dios y deja que los muertos entierren a los muertos, nos vemos en el Cielo, con eso le decía lo importante que era seguir al Señor y que ella ya estaba lista para partir. En esa Misa, que se celebró en Monterrey y también se celebraba en Roma con los maestros de Gerardo. Tío Jesús dijo: Esta no es una Misa de funeral es una Misa de acción de gracias porque Graciela, mi hermana, ha cumplido su anhelo de ir al Padre, eso se quedó profundamente grabado en mi corazón.
Cuando me vine a vivir a Mexicali, pues ya poco contacto tuve con tío Jesús. Una de las últimas veces que lo vi fue en Caborca, Sonora cuando coincidimos en la fiesta del 50 aniversario sacerdotal de tío Roberto, también hermano de papá y de tío Jesús; cuando nos vimos nos abrazamos con tanto cariño, me sentí igual que cuando era niña y llegaba a la casa. Me senté en una mesa con él y ya estaba como mas callado aunque con su humildad y alegría de siempre recuerdo que dijo: a mi también me celebraron mis 50 años de sacerdote aunque no tan pomposamente como a Roberto porque aquello era una “fiesta patria”…ese día le quité una canita y la guardé de recuerdo, se reía mucho de la canita pero la he conservado. También guardé su firma temblorosa ya, que dejó en el libro de recuerdos que nos dieron en esa ocasión.

sábado, 5 de septiembre de 2009

TÍO JESÚS (4)



En la tarde, el Rosario en la parroquia, con bendición del Santísimo, el aroma del incienso “y el de las viejitas” cantando Pane Lingua gloriosi…. Y el Tantum ergo sacramentum… y nos lo sabíamos disque en latín porque repetíamos las palabras sin saber si lo que estábamos diciendo era bien pronunciado, ni que significaba, pero, yo sabía que era sagrado y tío Jesús era el sacerdote. En su tiempo de oración diaria, a veces la hacía en su cuarto, o en lo que servía como de oficina, o caminando por el patio con su breviario, abuelita nos enseñó a no interrumpirlo y respetar su oración. Pero abuelita bromeaba con él y le decía "Don Jesusito"....
El usaba sotana negra larga, de esas llenas de botoncitos al frente y su “bonete”, era tan sacerdote… cuando no traía su sotana siempre usaba pantalón negro y camisa blanca y… lo queríamos tanto. Me acuerdo de una vez que íbamos saliendo del Rosario y tío Jesús había salido de misión y se nos acercaron unas personas y nos preguntaron ¿Qué´s del Cura? Y Chacha contestó muy orgullosa, su sobrina… no,… que que´s de él… ¿dónde está?… y risi y risi todo el camino hasta la casa.

Cuando lo cambiaron de Aramberri a Linares otra vez, nos entristecimos mucho porque ya no volveríamos a vivir vacaciones como aquellas, aunque también ya éramos más grandes, pero una vez volvimos ya con los esposos y los hijos y recordamos aquellos tiempos tan dulces y buenos junto a ese tío querido.

De cuando en cuando iba a la casa en Monterrey, y todo se volvía fiesta…. Todo se transformaba con su llegada, a veces llevaba nueces y piñones, otras un chivito que le habían regalado en el camino. Cerca de Navidad nos traía un guajolote ¡vivo! Recuerdo una vez en especial en que estábamos peleando mis hermanas y yo, mamá estaba enojada y era uno de esos días negros cuando de pronto sonó el timbre y…. ¡!!tío Jesús!! ¡!tío Jesús!!! Todos corriendo a recibirlo, nos colgábamos de un brazo y de otro y no lo dejábamos caminar, nos lo comíamos a besos, y dijo una de mis hermanas: ¡que hipócritas somos, estamos todas peleando y llega tío Jesús y ay sí, muy felices! Y por primera vez pensé, no, no es que seamos hipócritas, es que cuando llega Tío Jesús, llega Jesús. Se me quedó tan grabado que aún hoy que lo estoy escribiendo sigo teniendo esa sensación de amor profundo por el sacerdocio de tío Jesús.

Cuando cumplí quince años, fue después de unos días a la casa y me llevó de regalo un cuadro que estaba enmarcado en un nudo de árbol, era un Jesús Maestro, lo conservé hasta hace poco que en uno de mis muchos cambios de casa se me cayó y se partió.
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Él estuvo en mi boda, él nos casó, y cuando nacieron mis hijos vino a bautizarlos. Cuando bautizó a Carlos dijo: Yo te bautizo José Alberto… y todos al mismo tiempo le dijimos: ¡Carlos Alberto! Entonces con la mano en el aire hizo un signo como si borrara y volvió a decir: Yo te bautizo Carlos Alberto… y otra vez risi y risi pero muy felices. Y cuando nos acordamos decimos que mi hijo se llama José Alberto Carlos Alberto. Cuando nació Helena vino después de 6 días era un 15 de Enero, hacía mucho frío, llegó a mi casa con mamá y papá a conocer a mi bebé recién nacida y le traía de regalo un cuadrito de madera con un angelito de la guarda estilizado muy lindo que todavía conservo con muchísimo amor y me dijo: ¿te la bautizo?... Si… Nos fuimos a la parroquia y con el ropón que me hizo tía Esther para la niña la bautizamos y luego nos regresamos a la casa a comer pan y chocolate..

Luego lo cambiaron a Gral. Terán y allá fuimos a estar con él para celebrar su 40 aniversario sacerdotal. Había llovido mucho en esos días y el río estaba crecido, desde lejos se oía el estruendo del agua........

jueves, 3 de septiembre de 2009

TÍO JESÚS (3)

En la casa junto al comedor y entre las recámaras había un cuartito en donde había un tapanco, una puerta en el entretecho y que de vez en cuando subía ahí, un día subimos nosotros también y ¡oh sorpresa! Estaba lleno, pero digo lleno de juguetes, pelotas de esas que rebotan super bien, matatenas, muñecas etc. Etc. Etc. Y yo recuerdo muy bien que ni tarda ni perezosa le pedí juguetes para mí. Muy serio tío me dijo que no, que esos juguetes se los daban a él para llevárselos a los niños pobres, cuando eran las fiestas de navidad y cuando iba a las rancherías, que nosotros teníamos juguetes de sobra y lo que me acuerdo muy bien es que yo lo entendí y lo miré todavía con más amor del que ya le tenía.
También me tocó ver una vez que llegó un camión a la casa parroquial (y ver un camión por allá era algo grande), pues ese camión traía latas grandes metálicas cuadradas con leche en polvo, margarina, chocolate y no sé qué más. Se los traían desde EEUU para la gente, para aquella gente que tío conocía, a la que veía en sus pobrezas y conocía sus dolores, sus hambres, sus penas.
En el Confesionario era sacerdote y tío: Uno de tantos sábados de confesión en que los niños nos confesábamos le dije: tío, te desobedecí…. Levantó la cortinita y me dijo, ..aquí no soy tu tío, soy sacerdote. Ahhh!... al siguiente sábado me confesé y le dije: desobedecí a mi tío: levantó la cortinita, me miró y volvió a bajarla, me imagino que se rió sin que yo me diera cuenta; lo malo de contar esto es que queda en evidencia mi desobediencia y es que en Arramberri se dan unas manzanitas muy ricas y unos higos deliciosos y unas tunas impresionantes y la gente le llevaba a tío y a abuelita los guacales de manzanitas que nos encantaban, pero esas manzanitas no sé que tenían que no podían comerse crudas, eran para hacer ate y dulce, pero nos gustaban tanto…. Y tío nos tenía prohibido comer esas manzanitas porque nos daba calentura y mucho dolor de estómago pero…. Yo era desobediente.
También durante las vacaciones tío nos enseñó el gusto por la lectura, y supervisaba nuestras lecturas, tenía en su cuarto un librero con algún número de de libros, a Chacha mi hermana mayor la dejaba leer algunos libros y a mi me daba otros, recuerdo muy bien que yo quería leer el mismo que leía Chacha y me dijo, no tú todavía no puedes entenderlo, “Staurofila”, y me dio “Las minas del Rey Salomón” me di mucha prisa en leerlo para que me dejara leer el otro pero no fue así. También tenía unas cajas grandes de cartón llenas de cómics, pero eran cómics de “vidas ejemplares” …. ¡Qué tardes nos pasábamos leyendo las vidas de los santos!, y las comentábamos, todavía recuerdo la vida de Santa Luisa de Marillac, San Juan Bosco, San Antonio Ma. Zacaría, Santa Isabel de Hungría, Santa Clara, Santa Rita de Casia, etc. Y ese gusto por leer la vida de los Santos es algo que aún hoy tengo.

martes, 1 de septiembre de 2009

TÍO JESÚS (2)

Un tiempo después no sé cuánto pero no mucho, tal vez un año, fue enviado a Arramberri al sur del estado de Nuevo León, un lugar en aquellas épocas bastante aislado de todo. La casa parroquial había sido una misión franciscana y en parte estaba derruida, tenía un portón por un lado de la calle y otra puerta por el otro lado. Tenía una huerta con árboles de aguacate, un gallinero y una asequia. Y también sus leyendas, con todo y monje sin cabeza. La barda de un lado colindaba con el patio de la presidencia municipal donde de tanto en tanto llegaba el cine que era anunciado durante todo el día con una camionetita que tenía altavoces y tocaban una canción a todo volumen … “ayúdame Dios míooooo, ayúdame a olvidaaaaarla”… y ya en la tarde al oscurecer empezaba el cine y nosotros nos sentábamos a verlo desde la barda (películas de vaqueros con Gastón Santos)
En la huerta, en la parte de atrás había sido cementerio franciscano pero no se veían tumbas ni nada por el estilo, pero el caso es que en algunas noches se elevaba a cierta altura del suelo un halo de luz verdosa y nos sentábamos en una de las ventanas de esas de monasterio que son hondas, muertas de miedo, a esperar ver los fantasmas. Luego tío nos explicó que los huesos despiden fósforo y en algunas condiciones de frío y humedad se alcanza a ver eso…. ¿y los fantasmas?
Pues ahí fue donde pasamos las mejores vacaciones de nuestra niñez. Al día siguiente que salíamos de vacaciones del Colegio llegaba Tío Jesús por nosotros, tenía una camioneta, la recuerdo como si fuera hoy, una chevrolet color aqua de esas que los focos delanteros parece que tienen pestañas. Nos subíamos en la parte de atrás y era toda una aventura, nos chicoteaba el pelo en la cara con el aire y gozábamos el clima, el paisaje, todo era alegría y emoción. Abuelita nos consentía todo el tiempo y en Arramberri fui captando lo que era vivir de fe. La Misa matutina donde tío Jesús era el sacerdote, el catecismo donde tío Jesús era el catequista, todavía sé de memoria el Pater noster en latín que él me enseñó; él era el que nos llevaba a los paseos más fascinantes, pero él era misionero: ¡vamos con don Cecilio! ¡vamos! Él iba a confesar, a acompañar almas y nosotros a jugar a bañarnos al río y comer queso recién hecho en tortillas recién hechas, a recolectar granjenos (pero sólo si eran de los que comían las chivas porque los otros eran veneosos), nueces y anacuas, higos y duraznos, a subirnos a los burros, y perseguir chivas. Cómo disfrutaba tío Jesús en llevarnos a lugares naturales, al Salto de Zaragoza Nuevo León, a Los Cuartos un lugar de aguas cristalinas, transparentes, donde podía uno ver a los bagres nadando tranquilamente y cómo le gustaba brincar sobre los troncos que servían de puente cuando íbamos cruzando hasta que nos caíamos al agua, eran carcajadas y carcajadas y nosotros felices porque así ni mamá ni papá podían ya decir que no nos metiéramos al agua, y luego sacábamos del fondo los montones de berros que se movían suavecito con la corriente del río. Aunque también había ocasiones en que se iba él solo, bueno siempre con José su sacristán un hombre tan feo pero tan bueno, tío confiaba siempre en él. Entre las cosas que recuerdo es una plática de sobremesa y entre carcajadas platicaban de cómo les llegó la noche entre una ranchería y otra en la sierra y no veían ni sus narices, y los burros iban por la vereda sin detenerse y cuando empezó a amanecer vieron que habían pasado por un barranco peligrosísimo. (luego nos platicó, ya después de muchos años, que un día José no tocó las campanas para la misa de 6 de la mañana y lo fue a buscar a su cuarto y ya estaba muerto). En la casa junto al comedor y entre las recámaras había un cuartito en donde había un tapanco, una puerta en el entretecho y que de vez en cuando subía ahí ......

lunes, 31 de agosto de 2009

TÍO JESÚS

No tengo ni una foto del tío más querido del mundo. Hermano de papá. Sacerdote. No sé gran cosa de su vida, ni la historia de su vocación. Solo sé lo que recuerdo haber vivido junto a él. Mis recuerdos son casi todos los de una niña; no puedo juntarlos y trazar un itinerario, sino que son flashazos del impacto que tío tuvo en mi vida.

Jesús González Orendain. Fue siempre un "cura" de pueblo, él no tuvo, hasta donde yo recuerdo, puestos diocesanos, ni nombramientos, se dejó llevar por la voluntad de Dios.

El 13 de Octubre, día en que nací, fue a conocerme (esto lo contaba mamá) y le dijo: ¿te la bautizo? Y con el ropón de tía Esther mi madrina, en la capilla de la Maternidad "María Josefa" me bautizó, así, por su ministerio sacerdotal fui hecha hija de Dios a las pocas horas de nacida.

Era cura en Linares en el templo de San Felipe Apóstol (ahora Catedral de Linares), y uno de mis primeros recuerdos es el día de mi Primera Comunión un 19 de Mayo. Me recibió en la entrada de la Iglesia con capa pluvial, eso impresionó mucho a mamá y siempre lo contaba, Tío me dijo quedito, no te persignes, porque yo me persignaba (todavía lo hago) con la izquierda, soy zurda, la verdad ya no me acuerdo si le hice caso o no, pero fue un día dulce y muy vagamente lo veo hablándome de la Eucaristía. Después en la casa parroquial el desayuno con abuelita, chocolate y pan, luego jugar y jugar…. Ya en la tarde oscureciendo el regreso a Monterrey y lo veo como en sueños tomando mi cara entre sus manos y dándome un besote en la frente y a la "güera la gringa" amiga de la familia supongo, que me regaló un librito de "las parábolas de Jesús" que todavía lo conservo.

Un tiempo después no sé cuánto pero no mucho, tal vez un año, fue enviado a Arramberri al sur del estado de Nuevo León, un lugar en aquellas épocas bastante aislado de todo. La casa parroquial había sido una misión franciscana y en parte estaba derruida, tenía un portón por un lado de la calle y otra puerta por el otro lado. Tenía una huerta con árboles de aguacate, un gallinero y una asequia. Y también sus leyendas, con todo y monje sin cabeza. ........
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