domingo, 12 de julio de 2009

MISIÓN CONTINENTAL

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Anunciar el Evangelio no es un activismo descontrolado donde el que más tareas tiene y el que más se nota es el que más colabora.

Necesitas que el Espíritu profundice en tí para que puedas decir: "vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí" y entonces serás discípulo y misionero.

Estás llamado a la santidad y eso, no es una meta inalcanzable sino una necesidad para evangelizar.

Déjate guiar por Él para que tu corazón se transforme, de un corazón de piedra en un corazón de carne.



Vive en diálogo interior con el Señor para que descubras "que bueno es el Señor" y tu dicha sea "poner en Él tu refugio".

jueves, 9 de julio de 2009

LLÉVAME A DONDE QUIERAS

Cuando puse en este blog el primer tema de esta etiqueta, "Que toda rodilla se doble" me gustó tanto, que decidí dejar el nombre para siguientes temas relacionados con la adoración a Jesús en la Eucaristía... y no me han faltado oportunidades para encontrarlos. Y este en especial aunque es un poco largo, me gusta mucho porque está estrechamente relacionado con el sacerdocio así que podría estar en el "año sacerdotal" también, y así lo puse... espero que les guste y les ayude a adorar al Señor.
Llévame a donde quieras.
Era yo un sacerdote recién ordenado y me llamaron cierto día en la noche para auxiliar un enfermo. Era un anciano que tenía cáncer en la boca y en la garganta. Tenía una llaga mal oliente y de muy mal aspecto. Recuerdo que llegué, lo confesé, le di unas palabras de aliento, después lo invité a que recibiera la Sagrada Comunión. Todo iba bien, pero cuando abrió la boca este señor, y cuando hizo un esfuerzo para sacar la lengua para recibir la Eucaristía, vi que toda su boca era una llaga tan impresionante y de tan mal olor, que tuve mucho asco y ganas de vomitar. Pero tomé la Sagrada Hostia y la deposité en aquella llaga tan repugnante cuidando de no tocarla con los dedos. Sin embargo, a Jesús en la Eucaristía lo dejé ahí: Jesús bajaba con amor hacia esa persona. Sentí pena al darme cuenta que no quise tocar la llaga y ver cómo Jesús se entregó en ella. Esta es la entrega de Jesús: total y sin condiciones "Este soy yo, llévame a donde quieras, colócame donde quieras, no importa que sea en la llaga cancerosa más mal oliente que pueda exisitir".

El Sagrario entreabierto.

En un pueblito de la sierra di mis primeros pasos como sacerdote; llegué a ese lugar con muchas ilusiones, iba a prestar mi servicio de diácono. Pero el sacerdote de ese lugar, sacerdote anciano, enfermo, deprimido y de carácter muy recio, después de varios días de que había llegado, un buen día me despidió. Me dijo que ya no podía comer allí con él, que me fuera a donde yo quisiera, pues al fin y al cabo él no me había pedido; que no había nada que hacer en aquel pueblo. Aquel sacerdote tenía una larga historia de sufrimiento.

Aquella noche que me corrió sentí mucha tristeza, era mi primer destino y empezaba con una prueba muy grande y dolorosa. Pensé que el regresarme al seminario y exponer que me habían corrido no era la mejor solución ¿qué hacer? Lo que más sentía en esa noche, no era la duda de seguir o regresarme, sino más bien el rechazo y la humillación por haber sido corrido. Me sentí muy mal y ya no quise cenar. Me dirigí a mi cuarto y tenía ganas de comentar esto con algún compañero, pero el más cercano se encontraba a diez horas a caballo. No había teléfono. Me estaba ahogando con mi pena y no encontraba a alguien para poder desahogarme. Me sentía muy mal, tanto, que el sentimiento se me transformó en lágrimas, pero recordé que tan sólo una pared me dividía del templo y fue así como se me ocurrió llorar frente al Sagrario. El templo estaba muy descuidado. Recuerdo que al pasar por la sacristía observé que de un cuadro grande de la Virgen de Guadalupe salió una rata. Entonces llegué al Sagrario (éste no estaba bien cerrado pues se había perdido la llave) y empecé a reclamarle al Señor, diciéndole: ¿por qué me corrieron? ¿por qué me pasa esto si yo tenía muchas ganas de trabajar? Esto no está bien.

Cuando estaba comentando esto al Señor, me pareció ver que "algo" salía del Sagrario, inmediatamente tomé una veladora y la acerqué para distinguir mejor; entonces pude ver lo que había salido del Sagrario entreabierto: una cucaracha. Luego abrí todo el Sagrario y lo iluminé por dentro con la veladora. Lo que aquella noche fue una visión "apocalíptica". Era algo muy fuerte y una respuesta muy grande la que daba el Señor a mi queja. Observé con honda tristeza y asombro que una cucaracha se estaba comiendo una Hostia Consagrada: !ya la llevaba a la mitad! Este espectáculo provocó una reacción muy grande en mi. Sentí tristeza, amor, pero sobre todo sentí vergüenza de saber que yo me quejaba por tan poca cosa, cuando Jesús por querer acompañar a los hijos de aquel pueblo tan apartado, se dejaba comer por una cucaracha. Miré tan indefenso a Jesús al ver que Él no podía espantar a una cucaracha. Pero yo la espanté y tomé con gran amor y veneración aquella mitad de Hostia y le dí un beso lleno de ternura; comprendí que la entrega de Jesús es sin condiciones. "Esto es mi cuerpo, esto soy yo, cómanme o que me coma una cucaracha".

Así es el inmenso amor de Jesús en la Eucaristía. Aquella Hostia me hizo comprender muchas cosas, me hizo comprender que ser sacerdote es ser "pan partido", para que se lo coman los demás y así dar la vida al mundo. También me hizo comprender que el sacerdote en ocasiones es comido por "una cucaracha". Esa preciada Hostia fue una gran respuesta que me dio Jesús. Enjugó mis lágrimas y me dio mucha fuerza para superar aquella prueba que ahora me parecía pequeña en comparación a la suya. Mi relación con aquel sacerdote mejoró notablemente. Me tocó enterrarlo llorándolo como un gran amigo y un verdadero padre.

Aquella Hostia sigue siendo un faro luminoso en los momentos de oscuridad y de prueba. Así como es la entrega de Jesús, así debe ser la entrega del sacerdote y del cristiano.
Instituto de Ciencias Teológicas ARQUIDIÓCESIS DE GUADALAJARA Pbro. L. Alfonso Zepeda.

miércoles, 8 de julio de 2009

LU MONFERRATO

Del Folleto Adoración Eucarística y Maternidad Espiritual para la Santificación de los Sacerdotes. (Congregación del Clero)

Miércoles 8 de Julio

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Fuimos al pequeño pueblo de Lu en el Norte de Italia, una localidad que cuenta con pocos miles de habitantes y que se encuentra en una región rural a 90 km. al este de de Turín. Este pequeño pueblo hubiera quedado desconocido si en 1881 algunas madres de familia no hubieran tomado una decisión que tuvo ‘grandes repercusiones’.

Muchas de estas madres tenían en el corazón el deseo de ver a uno de sus hijos ordenarse sacerdote o una de sus hijas comprometerse totalmente al servicio del Señor. Comenzaron pues a reunirse todos los martes para la adoración del Santísimo Sacramento, bajo la guía de su párroco, Monseñor Alessandro Canora, y a rezar por las vocaciones. Todos los primeros domingos del mes recibían la comunión con esta intención. Después de la Misa, todas las madres rezaban juntas para pedir vocaciones sacerdotales.

Gracias a la oración llena de confianza de estas madres y a la apertura de corazón de estos padres, las familias vivían en un clima de paz, serenidad y devoción alegre, que permitió a sus hijos discernir con mayor facilidad su llamada.

Cuando el Señor dijo: “Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos” (Mt 22,14) hay que comprenderlo de este modo: muchos serán llamados, pero poco responderán. Nadie hubiera pensado que el Señor atendería tan abundantemente la oración de estas madres.

De este pequeño pueblo surgieron 323 vocaciones a la vida consagrada (¡trescientas veintitrés!): 152 sacerdotes (y religiosos) y 171 religiosas miembros de 41 congregaciones. En algunas familias había hasta tres o cuatro vocaciones. El ejemplo más conocido es la familia Rinaldi. El Señor llamó a siete hijos de esta familia. Dos hijas se consagraron como religiosas salesianas y enviadas a San Domingo, fueron valientes pioneras y misioneras. Entre los varones, cinco fueron sacerdotes salesianos.

El más conocido de los cinco hermanos, Filippo Rinaldi, fue el tercer sucesor de don Bosco, beatificado por Juan Pablo II el 29 de abril de 1990. De hecho, muchos jóvenes entraron con los salesianos. No es una casualidad, porque don Bosco en su vida fue cuatro veces a Lu. El santo participó en la primera Misa de Filippo Rinaldi, su hijo espiritual, en su pueblo natal. A Filippo le gustaba mucho recordar la fe de las familias de Lu: “Una fe que hacía decir a nuestros padres: el Señor nos donó hijos y si Él los llama, nosotros ciertamente no podemos decir que no!”.

Luigi Borghina y Pietro Rota vivieron la espiritualidad de don Bosco de modo tan fiel que fueron llamados uno “el don Bosco de Brasil” y el otro “el don Bosco de la Valtellina”. También Mons. Evasio Colli, Arzobispo de Parma, provenía de Lu (Alessandria). De él dijo Juan XXIII: “Él tendría que haber sido Papa, y no yo. Poseía todo para llegar a ser un gran Papa”.

Cada 10 años, todos los sacerdotes y las religiosas que todavía estaban vivos, se reunían en su pueblo de origen llegando desde todo el mundo. Padre Mario Meda, que fue por muchos años párroco de Lu, dice cómo este encuentro era en realidad una verdadera fiesta, una fiesta de agradecimiento a Dios por haber hecho grandes cosas en Lu.


La oración que las madres de familia recitaban en Lu era breve, simple y profunda:

“¡Señor, haz que uno de mis hijos llegue a ser sacerdote!
Yo misma quiero vivir como buena cristiana
y quiero conducir a mis hijos hacia el bien para obtener la gracia
de poder ofrecerte, Señor, un sacerdote santo. Amén”.



Foto: Esta foto es única en la historia de la Iglesia católica. Desde el 1 al 4 de septiembre de 1946 una gran parte de los 323 sacerdotes, religiosos y religiosas provenientes de Lu se encontraron en su pueblo. Este encuentro tuvo resonancia en todo el mundo.

martes, 7 de julio de 2009

Si hubiera estado allí - La Pasión de Cristo

Lo tengo que admitir, cuando me enviaron este video solo quise reenviarlo, pensándolo más bien, lo tuve que traer, porque, pensándolo más bien.... también yo estaba ahí.

SI HUBIERA ESTADO AHI

Yo sé que muchos prefieren no ver la película de la Pasión de Cristo, porque las escenas se les hacen muy fuertes, pero sin ningún empacho ven películas de "acción" de "violencia extrema" etc.. y no les afecta en nada. Yo me pregunto ¿por qué el rechazo a ver las escenas en las que se trata de recrear lo terrible de la crucifixión?
Y esta canción unida a la película da la respuesta: porque ver a Cristo sufriendo, verlo golpeado, escupido, lacerado, nos involucra íntimamente, nos pone de frente a nuestros pecados, nuestra indiferencia y nuestra superficialidad y a nadie le gusta verse en ese espejo, sin embargo, Cristo murió por nosotros, murió por mí....... y no importa cuanto queramos desechar estas imágenes, no importa cuanto queramos ver solo el lado lindo de Jesús. También nosotros estábamos ahí, y seguimos estando ahí. Él murió en la cruz y murió por nosotros, murió por mi....para resucitar por nosotros, para nosotros, para mí.

lunes, 6 de julio de 2009

Beata María Deluil Martiny

Del Folleto Adoración Eucarística y Maternidad Espiritual para la Santificación de los Sacerdotes. (Congregación del Clero)


Martes 7 de Julio



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Beata Maria Deluil Martiny (1841-1884)


Hace 120 años, en algunas revelaciones privadas, Jesús inició a confiar a personas consagradas en los monasterios y en el mundo su plan para la renovación del sacerdocio. A algunas madres espirituales Él confió la llamada ‘obra para los sacerdotes’. Una de las precursoras de esta obra es la beata Maria Deluil Martiny. De este gran íntimo deseo suyo, ella dijo: “¡Ofrecerse para las almas es bello y grande! ¡Pero ofrecerse para las almas de los sacerdotes... es tan bello y grande que se debería tener mil vidas y mil corazones!... ¡Daría con gusto mi vida sólo para que Cristo pudiera encontrar en los sacerdotes lo que se espera de ellos! ¡También la daría con gusto aún si uno sólo pudiera realizar perfectamente el plan divino sobre él!”. Efectivamente, a sólo 43 años, ella selló con el martirio su maternidad espiritual. Sus últimas palabras fueron: “Es por la obra, la obra para los sacerdotes!”.


Venerable Louise Marguerite Claret de la Touche (1868-1915)


Jesús preparó durante largos años también a la Venerable Louise Marguerite Claret de la Touche al apostolado para la renovación del sacerdocio. Ella cuenta que el 5 de junio de 1902, durante una adoración, se le apareció el Señor.
“Yo le había rezado por nuestro pequeño noviciado y le había suplicado de darme algunas almas que habría podido plasmar para Él. Él me respondió: ‘Te daré almas de hombres’. Quedé en silencio porque no comprendí sus palabras. Jesús añadió: ‘Te daré almas de sacerdotes’. Aún más sorprendida por estas palabras, le pregunté: ‘Mi Jesús, ¿cómo lo harás?’. Después Él me explicó la obra que estaba por preparar y que hubiera tenido que calentar el mundo con el amor. Jesús siguió explicando su plan y por ello quiso dirigirse a los sacerdotes: ‘Como hace 1900 años pude renovar el mundo con doce hombres – ellos eran sacerdotes – así también hoy podría renovar el mundo con doce sacerdotes, pero deberán ser sacerdotes santos’ ”.
Luego el Señor mostró a Louise Marguerite la obra en concreto. “Es una unión de sacerdotes, una obra que comprende todo el mundo”, ella escribió. “Si el sacerdote quiere realizar su misión y proclamar la misericordia de Dios, debería en primer lugar él mismo estar invadido por el Corazón de Jesús y debería ser iluminado por el amor de Su Espíritu. Los sacerdotes deberían cultivar la unión entre ellos, ser un corazón y un alma, y nunca obstaculizarse entre ellos”.

Louise Marguerite describió con fórmulas tan buenas el sacerdocio en su libro “El corazón de Jesús y el sacerdocio”, que algunos sacerdotes habían creído que era obra de uno de ellos. Un jesuita declaró: “No sé quién escribió el libro, pero una cosa sé de preciso, no es la obra de una mujer!”.

domingo, 5 de julio de 2009

MISIÓN CONTINENTAL




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Tú como discípulo y misionero eres obra del Espíritu Santo, Sin Él no tendrías fe, no serías capaz de mostrarte a los demás como creyente. No tendrías valentía, no te atreverías a evangelizar.
Tú puedes ser testigo con tu vida de que en tí se ha cumplido muchas veces la promesa de Jesús cuando dijo: "El Espíritu les sugerirá lo que tienen que decir".
Un discípulo sin la vida del Espíritu es un signo de contradicción.
El Espíritu Santo hace que tengas un amor a la medida de Jesús.
Así "reconocerán todos que son discípulos míos".

Benedicto XVI anuncia su tercera encíclica 'Caritas in veritate'

Estos acontecimientos en la Iglesia no deben pasar desapercibidos por nosotros "los católicos de a pie", sino que por "medio de estos medios" estar atentos para escuchar lo que la Iglesia nos ofrece a través de este Papa lleno de sabiduría.

Eliza Vaughan

Del Folleto Adoración Eucarística y Maternidad Espiritual para la Santificación de los Sacerdotes. (Congregación del Clero)


Lunes 6 de Julio

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Eliza Vaughan



Es una verdad evangélica que las vocaciones sacerdotales tienen que ser pedidas con la oración. Jesús lo subraya en el Evangelio cuando dice: “¡La mies es abundante, pero los obreros son pocos! ¡Rogad, pues, al Dueño de la mies que mande obreros!” (Mt 9,37-38). Nos ofrece al respecto un ejemplo particularmente significativo, la inglesa Eliza Vaughan, madre de familia y mujer dotada de espíritu sacerdotal, que rezó mucho por las vocaciones.


Eliza provenía de una familia protestante, la de los Rolls, que fundó sucesivamente la famosa industria automovilística Rolls-Royce, pero desde joven, durante su permanencia y educación en Francia, quedó muy impresionada por el ejemplar compromiso de la Iglesia católica con los pobres.

En el verano del 1830, después de su matrimonio con el coronel John Francis Vaughan, Eliza, a pesar de la fuerte resistencia por parte de sus parientes, se convirtió al catolicismo. Había tomado esta decisión con convicción y no sólo porque había entrado a formar parte de una conocida familia inglesa de tradición católica. Los antepasados Vaughan, durante la persecución de los católicos ingleses bajo el reino de Isabel I (1558-1603), habían aceptado la expropiación de los bienes y la cárcel en lugar de renunciar a su fe.

Courtfield, la residencia originaria de la familia del esposo, durante las décadas del terror, se volvió un centro de refugio para sacerdotes perseguidos, un lugar donde en secreto se celebraba la Santa Misa. Desde entonces pasaron casi tres siglos, pero nada cambió en el espíritu católico de la familia.


Convencida de la potencia de la oración silenciosa y fiel, Eliza Vaughan dedicaba cada día una hora a la adoración en la capilla doméstica, rezando por las vocaciones en su familia. Volviéndose madre de seis sacerdotes y cuatro religiosas, fue escuchada abundantemente. Muerta en 1853, Mamá Vaughan fue enterrada en Courtfield, en la propiedad de familia tanto amada por ella. Hoy Courtfield es un centro para ejercicios espirituales de la diócesis inglesa de Cardiff. Inspirándose en la santa vida de Eliza, en 1954, la capilla doméstica fue consagrada por el obispo como “Santuario de Nuestra Señora de las vocaciones”, título que fue confirmado en el 2000.

Demos nuestros hijos a Dios

Convertida en lo profundo del corazón, llena de celo, Eliza propuso al marido dar sus hijos a Dios. Esta mujer de elevadas virtudes rezaba cada día durante una hora delante del Santísimo Sacramento en la capilla de la residencia de Courtfield, pidiéndole a Dios una familia numerosa y muchas vocaciones religiosas entre sus hijos. ¡Fue atendida! Tuvo 14 hijos y murió poco después del nacimiento del último hijo en 1853. De los 13 hijos que vivieron, entre los cuales ocho varones, seis se ordenaron sacerdotes: dos en órdenes religiosas, un sacerdote diocesano, uno obispo, un arzobispo y un cardenal. De las cinco hijas, cuatro fueron consagradas religiosas. ¡Qué bendición para la familia y cuáles efectos para toda Inglaterra!

Todos los hijos de la familia Vaughan tuvieron una infancia feliz, porque en la educación su santa madre poseía la capacidad de unir de manera natural la vida espiritual y las obligaciones religiosas con las diversiones y la alegría. Por voluntad de la madre, formaban parte de la vida cotidiana la oración y la Santa Misa en la capilla doméstica, como también la música, el deporte, el teatro no profesional, la equitación y los juegos. Los hijos no se aburrían cuando la madre les contaba la vida de los santos, que lentamente se volvieron para ellos íntimos amigos. Eliza se hacía también acompañar por los hijos durante las visitas a los vecinos enfermos y a los que sufrían, para que pudieran en estas ocasiones aprender a ser generosos, a realizar sacrificios, a donar a los pobres sus ahorros o los juguetes.

Ella murió poco después del nacimiento del decimocuarto hijo, John. Dos meses después de su muerte, el coronel Vaughan, convencido que ella había sido un don de la Providencia, escribió en una carta: “Hoy, durante la adoración, agradecí al Señor, porque pude devolverle mi amada esposa. Le abrí mi corazón con gratitud por haberme donado Eliza como modelo y guía; a ella me une todavía un vínculo espiritual inseparable. ¡Qué consuelo maravilloso y cuánta gracia me transmite! Todavía la veo como siempre la vi delante de Santísimo, con su pura y humana gentileza, que le iluminaba el rostro durante la oración”.

Obreros en la viña del Señor

Las numerosas vocaciones en el matrimonio Vaughan son realmente una insólita herencia en la historia de Gran Bretaña y una bendición que provenía sobre todo de la madre Eliza.

Cuando Herbert, el hijo mayor, a dieciséis años anunció a sus padres de quería ser sacerdote, las reacciones fueron diferentes. La madre, que había rezado mucho por esto, sonrió y dijo: “Hijo mío, lo sabía desde hace tiempo”. El padre en cambio necesitó un poco de tiempo para aceptar el anuncio, porque justamente sobre el hijo mayor, el heredero de la casa, había repuesto muchas esperanzas y había pensado para él una brillante carrera militar. ¿Cómo hubiera podido imaginar que Herbert un día habría llegado a ser arzobispo de Westminster, fundador de los Misioneros de Millhill y luego cardenal? Pero también el padre se convenció pronto y escribió a un amigo: “Si Dios quiere a Herbert para sí, puede tener también a todos los otros”. Pero Reginaldo se casó, como también Francis Baynham, que heredó la propiedad de familia. Dios llamó también a otros nueve hijos de los Vaughan. Roger, el segundo, fue nombrado prior de los Benedictinos y más tarde el muy querido arzobispo de Sydney, en Australia, donde hizo construir la catedral. Kenelm se consagró como cisterciense y más tarde sacerdote diocesano. Giuseppe, el cuarto hijo de los Vaughan, fue benedictino como su hermano Roger y fundador de una nueva abadía.


Bernardo, quizás el más vivaz de todos, que amaba mucho la danza y el deporte y que tomaba parte en todas las diversiones, se hizo jesuita. Se dice que el día anterior a su ingreso en la orden, participó en un baile y le dijo a su pareja: “Esto que hago con usted es mi último baile porque me convertiré en jesuita!”. Sorprendida, la joven exclamó: “¡Pero por favor! Justo usted que ama tanto el mundo y baila maravillosamente quiere convertirse en jesuita?”. La respuesta, si bien interpretable de varios modos, es muy bonita: “Justamente por esto me entrego a Dios!”.

John, el más joven, fue ordenado sacerdote por el hermano Herbert y más tarde fue obispo de Salford en Inglaterra. De las cinco hijas de la familia, cuatro se consagraron religiosas. Gladis entró en la orden de la Visitación, Teresa fue religiosa de la Misericordia, Claire religiosa clarisa y Mary priora de las Agustinas. También Margareta, la quinta hija de los Vaughan, hubiera querido ser una religiosa, pero no le fue posible por la frágil salud. Sin embargo ella vivió en casa como consagrada y transcurrió los últimos años de su vida en un monasterio.

Herbert Vaughan tenía dieciséis años cuando en el verano, durante un retiro espiritual, decidió ser sacerdote. Fue ordenado en Roma a la edad de 22 años y más tarde fue nombrado obispo de Salford en Inglaterra y fundó los Misioneros de Millhill, que trabajan hoy en todo el mundo. En fin, fue nombrado Cardenal y fue el tercer Arzobispo de Westminster. En su blasón estaba escrito: “¡Amar y servir!”. Su programa era enunciado en el dicho: “El amor tiene que ser la raíz de donde florece todo mi servicio”.

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