domingo, 4 de octubre de 2009

EVANGELIO DEL DOMINGO

Evangelio: Marcos 10, 2-16
"Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre"

En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba: "¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?" Él les replicó: "¿Qué os ha mandado Moisés?" Contestaron: "Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio." Jesús les dijo: "Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre." En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: "Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio." Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: "Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él." Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

sábado, 3 de octubre de 2009

Canto a san Francisco de Asís

DOMINGO 4 DE OCTUBRE. SAN FRANCISCO DE ASIS
Día grande y hermoso, lleno de la inocencia, dulzura, paz y amor que han llenado al mundo desde hace 800 años.
!Bendito seas Padre San Francisco! !Paz y Bien!

6.- Lo que pasó por mi alma no lo puede explicar el lenguaje humano.

BIOGRAFÍA DE MADRE MARÍA INÉS TERESA ARIAS. (6)


Las vidas de San Francisco de Asís, Santa Teresita y Santa Teresa de Ávila son sus modelos preferidos a imitar. La madre abadesa queda sorprendida, cuando un día al salir de su celda, Manuelita cae de rodillas frente a ella y le suplica con vehemencia: ¡Ayúdeme, quiero ser santa como Santa Teresita, salvando muchas almas!

Sin lugar a dudas, el camino de santificación para Manuelita se inicia a través de las humillaciones. Continuamente las cosas le resultan al revés. Si por practicar la obediencia permanece callada, en espera de que se le asigne algún trabajo; se le reprocha su actitud pasiva. Si por el contrario, su naturaleza comedida y servicial la insta a ofrecer su ayuda a alguna de las hermanas, es reprendida con un, no se meta donde no la llaman. Aunque en un principio esto le afecta sobremanera, muy pronto aprende a sofocar a tiempo los pequeños brotes de rebeldía que intentan incomodarla.

Estas tentaciones son vencidas a través de la oración y devoción a la Virgen María: Si esta Medianera dulcísima, no hubiera venido a fortalecerme en estas críticas circunstancias, en estas temporadas desoladoras, hubiera acabado por desesperarme. Por eso importa mucho también, no poner demasiada atención en tentaciones tan dolorosas, sino sólo aceptar el sufrimiento que producen y ofrecerlo, con amor a Nuestro Señor; y orar, orar siempre, contra toda esperanza, con la seguridad cierta (aunque no sentida) de que, en el momento oportuno Él vendrá a socorrernos. Con la certidumbre de que no permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas.

El 12 de diciembre de 1930 Manuelita hace su profesión temporal. Ese día tan especial, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, queda grabado para siempre en su mente y en su corazón. Sentimientos encontrados la inundan: por un lado, la nostalgia de vivir todavía fuera de su patria y ver desde allí a la iglesia de México, tan perseguida y calumniada. Por otro, saber que ningún miembro de su familia podrá viajar a Los Ángeles para tan significativa ceremonia. A pesar de eso, la joven profesa siente una gran emoción y un estado de gozo espiritual. En el momento de su consagración a Dios, después de haber pronunciado sus sagrados votos, le parece como en un sueño que la Virgen morena del Tepeyac, le dice al oído estas palabras:




Si entra en los designios de Dios servirse de ti para la obras de apostolado, me comprometo a acompañarte en todos tus pasos, poniendo en tus labios la palabra persuasiva que ablande los corazones, y en éstos, la gracia que necesiten; me comprometo además, por los méritos de mi Hijo, a dar a todos aquéllos con los que tuvieres alguna relación, y aunque sea tan sólo en espíritu, la gracia santificante y la perseverancia final.
La religiosa, que acaba de hacer sus votos en un monasterio de clausura, se siente confusa; pero sobre todo sorprendida. Cada una de esas palabras quedan impresas en su memoria como si las hubiese repasado muchas veces. ¿Acaso la Santísima Madre de Dios le insinuaba y daba su apoyo para obras que requirieran salir del claustro? En esos instantes que, según explica, son tan íntimos; en los que los razonamientos parecen inasibles, sólo acierta a prometerle a la Reina del cielo que luchará toda su vida por darla a conocer y propagar su devoción en el mundo entero. El cómo y el cuándo son cuestionamientos que quedarán en espera de alguna nueva señal.

Mientras que la religiosa asimila poco a poco y día con día, aquellas palabras celestiales, dedica todos los momentos de oración y de trabajo para que Dios mueva a personas del exterior a proclamar su reino en países de infieles. Le preocupa y entristece darse cuenta de que tanto algunas congregaciones religiosas como sacerdotes, minimizan la devoción mariana. Ella está convencida de que la mejor escuela para amar a Jesús es María, su Madre.

En 1931, el gobierno mexicano va cediendo cada vez más a la solicitud del Episcopado Americano, y algunos de los obispos exiliados regresan a México. La superiora de las clarisas aprovecha también la oportunidad para alcanzar de la cancillería de Los Ángeles, el regreso de toda la comunidad. El retorno a la patria, sin embargo, significa tanto para Manuelita como para las demás religiosas, una difícil despedida. En esa pequeña casita que en poco tiempo había sido transformada en un apacible convento, las jóvenes hermanas a través de la pobreza y el rudo trabajo, habían fortalecido su espíritu de sacrificio y entrega. De nuevo iban a lo desconocido. En México, aparentemente la calma había vuelto a la Iglesia, pero aún prevalecían los cateos y pesquisas en las casas.

El viaje de Los Ángeles a México lo tienen que hacer vestidas de seglares, con sombrero y bolsa de mano, para alejar cualquier sospecha. Algunos meses seguirán ocultando su condición de religiosas; es arriesgado todavía, salir a confesarse y a oír Misa. Tendrán que pasar meses para que puedan conseguir una casa y adaptar en ella, su propia capilla.


Al principio deben conformarse convivir en la parte alta de un edificio prestado. La situación político-religiosa conserva aún muchas asperezas y eso las obliga a estar alerta ante cualquier amenaza. El piso de abajo, en apariencia una casa particular, servía para esconder vasos sagrados y libros religiosos de los hermanos maristas. En una ocasión, por ser 25 de marzo, día de la Anunciación a María, Manuelita y la hermana Clara preparan el altar para la adoración, cuando escuchan fuertes voces y ven hombres armados que amenazan a uno de los hermanos para obligarlo a dejarlos entrar. Llenas de temor, las dos religiosas se cambian rápidamente sus hábitos por ropas civiles y los avientan bien empaquetados a las azoteas vecinas. No pierden tiempo tampoco en disfrazar de inmediato el altar.

Tiene que pasar un tiempo considerable para que las cosas vuelvan a ser como antes. Mientras tanto la joven religiosa, a pesar de su actitud siempre alegre y dispuesta, ve amenazada, de nuevo, su paz interior por constantes pruebas y tentaciones. El trabajo físico en el convento sigue siendo excesivo para su complexión. La frugal alimentación no repone las fuerzas que ella necesita para realizarlo. Aun así, todas sus hermanas monjas se quedan sorprendidas de lo que ella se esfuerza por sacar la mayor cantidad de trabajo en el menor tiempo posible. Por supuesto esto la deja exhausta por las tardes, y en el recogimiento de la capilla siente –según consigna en su Diario- un malestar tan grande, que la cabeza parece estar en el aire y me vienen impulsos de acostarme ahí en el suelo como un tronco. No me quedan ánimos ni de meditar; sólo me salen algunas jaculatorias.

viernes, 2 de octubre de 2009

Voluntarios en tiempos difíciles

En estos tiempos de epidemia, las personas que enferman por cualquier causa, son vistas con recelo y temor. Muchos enfermos en los hospitales están resintiendo la falta de atención y compañía, están tristes y más solos que nunca.


En todas las épocas de la historia han habido epidemias, unas muy grandes, tanto que arrasaron con buena parte de la población mundial. Como aquella famosa "peste" en que se estima que alrededor de un tercio de la población de Europa murió desde el comienzo del brote a mitad del siglo XIV. Aproximadamente 25 millones de muertes tuvieron lugar sólo en Europa.

Un ejemplo muy noble es el de San Carlos Borromeo, muy conocido por ser un Obispo ejemplar, por su gran inteligencia pero sobre todo porque dedicó su vida y sus recursos a los más pobres y necesitados...... "Acudieron entonces a la ciudad grandes multitudes de peregrinos, algunos de los cuales estaban contaminados con la peste, de suerte que la epidemia se propagó en Milán con gran virulencia.


El gobernador y muchos de los nobles abandonaron la ciudad. San Carlos se consagró enteramente al cuidado de los enfermos. Como su clero no fuese suficientemente numeroso para asistir a las víctimas, reunió a los superiores de las comunidades religiosas y les pidió ayuda. Inmediatamente se ofrecieron como voluntarios muchos religiosos, a quien San Carlos hospedó en su propia casa. Después escribió al gobernador, Don Antonio de Guzmán, echándole en cara su cobardía, y consiguió que volviese a su puesto, con otros magistrados, para esforzarse en poner coto al desastre. El hospital de San Gregorio resultaba demasiado pequeño y siempre estaba repleto de muertos, moribundos y enfermos a quienes nadie se encargaba de asistir. El espectáculo arrancó lágrimas a San Carlos, quien tuvo que pedir auxilio a los sacerdotes de los valles alpinos, pues los de Milán se negaron, al principio, a ir al hospital. La epidemia acabó con el comercio, lo cual produjo la carestía. San Carlos agotó literalmente sus recursos para ayudar a los necesitados y contrajo grandes deudas. Llegó al extremo de transformar en vestidos para los pobres, los toldos y doseles de colores que solían colgarse desde el palacio episcopal hasta la catedral, durante las precesiones. Se colocó a los enfermos en las casas vacias de las afueras de la ciudad y en refugios improvisados; los sacerdotes organizaron cuerpos de ayudantes laicos, y se erigieron altares en las en las calles para que los enfermos pudiesen asistir a misa desde las ventanas. Pero el arzobispo no se contentó con orar, hacer penitencia, organizar y distribuir, sino que asistió personalmente a los enfermos, a los moribundos y acudió en socorro de los necesitados. Los altibajos de la peste duraron desde el verano de 1576 hasta principios de 1578. Ni siquiera en ese período dejaron los magistrados de Milán de hacer intentos para poner en mal a San Carlos con el Papa. Tal vez algunas de sus quejas no eran del todo infundadas, pero todas ellas revelaban, en el fondo, la ineficacia y estupidez de quienes las presentaban.

Que el ejemplo de San Carlos nos impulse a servir y atender a quien más nos necesitan. Que busquemos en el amor a Dios la fortaleza y la generosidad para seguir teniendo la voluntad de servir a los enfermos.

EN EL ENFERMO ESTÁ CRISTO, PERO EN EL ENFERMO POBRE, CRISTO ESTÁ DOS VECES.
San Pío de Pietrelcina

ÁNGELES CUSTODIOS

HIMNO DE LAUDES

AL SANTO ÁNGEL DE LA GUARDA

Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día.

Aunque espíritu invisible, se que te hallas a mi lado, escuchas mis oraciones y cuenta todos mis pasos.

En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.

Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga, que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.

Testigo de lo invisible, presencia del cielo amiga, gracias por tu fiel custodia, gracias por tu compañía.

En presencia de los Ángeles, suba al cielo nuestro canto: gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Amén.

Nota: El 2 de Octubre se celebra en la Iglesia a los Ángeles Custodios.
El Catecismo de la Iglesia Católica dice:
328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. E1 testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.
 
336 Desde su comienzo (cf Mt 18, 10) a la muerte (cf Lc 16, 22), la vida humana está rodeada de su custodia (cf Sal 34, 8; 91, 1013) y de su intercesión (cf Jb 33, 23-24; Za 1,12; Tb 12, 12). "Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida" (S. Basilio, Eun. 3, 1). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.
 
No confundir la verdadera devoción al Ángel de la Guarda con la "Angelología" que trata a los ángeles de una manera totalmente falsa y esotérica.

jueves, 1 de octubre de 2009

FLORECILLAS DE SAN FRANCISCO

Capítulo III

Cómo San Francisco,
queriendo hablar al hermano Bernardo,
lo halló todo arrebatado en Dios



El devotísimo siervo del Crucificado, San Francisco, con el rigor de la penitencia y el continuo llorar, había quedado casi ciego y no veía apenas (3). Una vez, entre otras, partió del lugar en que estaba y fue a otro lugar (4), donde se hallaba el hermano Bernardo, para hablar con él de las cosas divinas; llegado al lugar, supo que estaba en el bosque en oración, todo elevado y absorto en Dios. San Francisco fue al bosque y le llamó:

-- ¡Ven y habla a este ciego!

Y el hermano Bernardo no le respondió. Es que estaba con la mente absorta y elevada en Dios, por ser hombre de grande contemplación. Y por lo mismo que tenía gracia particular para hablar de Dios, como lo había comprobado muchas veces San Francisco, deseaba hablar con él. Al cabo de un rato le llamó segunda y tercera vez de la misma manera, pero tampoco ahora le oyó el hermano Bernardo, por lo cual no respondió ni vino a su encuentro. En vista de esto, San Francisco se volvió un tanto desconsolado, muy extrañado y quejoso en su interior de que el hermano Bernardo, habiéndole llamado tres veces, no hubiera venido a su encuentro.

Retiróse con este pensamiento San Francisco, y cuando se hubo alejado un poco, dijo a su compañero:
-- Espérame aquí.
Y se fue a un lugar solitario próximo; se postró en oración, pidiendo al Señor que le revelase por qué el hermano Bernardo no le había respondido. Estando así, le vino una voz de Dios que le dijo:
-- ¡Oh pobre hombrecillo! ¿Por qué te has turbado? ¿Acaso debe dejar el hombre a Dios por la creatura? El hermano Bernardo, cuando tú lo llamabas, estaba conmigo, y por eso no podía ir a tu encuentro ni responderte. No te extrañes, pues, de que no pudiera hablarte, ya que estaba tan fuera de sí, que no oía ninguna de tus palabras.

Recibida esta respuesta de Dios, San Francisco volvió en seguida apresuradamente a donde estaba el hermano Bernardo para acusarse humildemente del pensamiento que había tenido acerca de él.

Al verlo venir hacia sí, el hermano Bernardo le salió al encuentro y se echó a sus pies. San Francisco le obligó a levantarse y le contó con gran humildad el pensamiento y la gran turbación que había tenido contra él y cómo el Señor le había reprendido por ello. Y terminó:
-- Te ordeno, por santa obediencia, que hagas lo que voy a mandarte.

El hermano Bernardo, temiendo que San Francisco le impusiera alguna cosa demasiado fuerte, como solía hacerlo, quiso buenamente evitar aquella obediencia, y le respondió:
-- Estoy pronto a obedecerte, si tú me prometes también hacer lo que yo te mande.
San Francisco se lo prometió. Y dijo el hermano Bernardo:
-- Di entonces, Padre, lo que quieres que yo haga.
-- Te mando por santa obediencia -dijo San Francisco- que, para castigar mi presunción y el atrevimiento de mi corazón, al echarme yo ahora boca arriba, me pongas un pie sobre el cuello y el otro sobre la boca, y así pasarás tres veces de un lado al otro insultándome y despreciándome; sobre todo, me dirás: «¡Aguanta ahí, bellaco, hijo de Pedro Bernardone! ¿De dónde te viene a ti semejante soberbia, siendo una vilísima creatura?» (5).

Oyendo esto el hermano Bernardo, aunque le resultaba muy duro ejecutarlo, para no sustraerse a la santa obediencia, cumplió con la mayor delicadeza que pudo lo que San Francisco le había mandado. Cuando terminó, le dijo San Francisco:

-- Ahora mándame lo que quieres que yo haga, ya que he prometido obedecerte.
-- Te mando, por santa obediencia -dijo el hermano Bernardo-, que siempre que estemos juntos me corrijas y reprendas ásperamente de mis defectos.
San Francisco se asombró de esto, ya que el hermano Bernardo era de tanta santidad, que le inspiraba grande respeto y no lo encontraba digno de reprensión en ninguna cosa. Por esta razón, en adelante San Francisco procuraba no estar mucho con él, a causa de dicha obediencia, a fin de no verse obligado a decir palabra alguna de corrección a quien reconocía adornado de tanta santidad; cuando le venía el deseo de verlo o de oírle hablar de Dios, se apartaba de él lo antes que podía y se iba. Causaba grandísima devoción ver con qué caridad, miramiento y humildad el padre San Francisco trataba y hablaba al hermano Bernardo, su hijo primogénito.
En alabanza y gloria de Cristo. Amén.

Santa Teresita del Niño Jesús. 1o. de Octubre

Su mensaje

que procuremos ir por el "caminito" de la sencillez.
que nos enamoremos del Amor con todas nuestras fuerzas.
que siempre y en todo procuremos cumplir la voluntad de Dios.
que el celo por las almas devore nuestro corazón.

Su oración

Oh Dios, que has preparado tu Reino para los humildes y sencillos, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de Santa Teresa del Niño Jesús para que nos sea revelada por su intercesión tu gloria eterna. Amén.

Felicidades a todas las amigas que llevan su nombre: a Madre María Inés Teresa Airas, Teresita Cota, Tere Corrales
 
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JACULATORIAS a María



Oh María, que entrasteis en el mundo sin pecado, obténme la gracia de salir sin pecado de esta vida.

Reina del santísimo Rosario, ruega por nosotros

Oh María, haz que viva en Dios, con Dios y por Dios.

Muestra que eres Madre

¡Madre mía, confianza mía!

MES DE OCTUBRE

Iniciamos un nuevo mes en este blog "Diseños Católicos"... que tiene la intención de diseñar nuestra vida según Cristo, nuestra misión según el Evangelio, y quién como María puede guiarnos por este camino....

Mes del Rosario, Mes de las Santas Teresas, y San Francisco. Lo dedicaremos a la Santísima Virgen, y ojalá que los lectores nos compartan con sus comentarios sus experiencias y reflexiones.



ACORDAOS


Oh piadosísima Virgen María,
que jamás se oyó decir
que ninguno de los que a ti han recurrido
invocando tu protección,
e implorando tu auxilio soberano
haya sido de su Madre abandonado.
Animado con esta confianza,
a ti me acojo.
¡Oh Virgen de las Vírgenes!
A ti me llego
Madre tiernísima,
y a tus plantas postrado
elevo mis manos suplicantes.
¡Oh Madre! ¡Oh Madre!
¡Oh Madre del Verbo Divino!
No despreciéis mis súplicas fervientes.
Acordaos.
Escúchalas con tierno amor.
Acógelas con tierno amor.
Acógelas ¡Oh Madre mía!
No despreciéis mis súplicas
¡Oh Madre mía!

LA RELEVANCIA DEL PAPA EN LA IGLESIA (2)

En la Iglesia peregrina en la historia, por más de dos mil años han habido 265 Papas, y a cada uno la oración de Cristo: «He rogado por ti, Pedro, para que tu fe no desfallezca» los ha fortalecido. -«En un tiempo en que vemos como Satanás “criba como el trigo” a los discípulos de Cristo, la fe imperturbable de los Papas ha sido visiblemente la roca sobre la cual se asienta la Iglesia»

Unos han durado apenas unos días, algunos como nuestro venerado Juan Pablo I, un mes, y otros como nuestro siempre amado Juan Pablo II, muchos años.
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