lunes, 12 de octubre de 2009

LEGIÓN DE MARÍA


¿Qué es la Legión de María?



Es una organización apostólica de laicos en la Iglesia Católica con más de 10 millones de miembros activos y millones de auxiliares en el mundo, nació en Dublín, Irlanda el 7 de setiembre de 1921.
Las oraciones legionarias se rezan ya en 125 lenguas distintas. Ha sido aprobado por los 6 últimos Papas y fue endorsada por el Concilio Vaticano II.
EL NOMBRE de Legión de María obedece a que el espíritu de la organización quiere ser el mismo de la Virgen Santa María. Ella es la reina de los Apóstoles, porque fue la primera en presentar a Cristo ante los hombres.
¿QUIÉNES PUEDEN PERTENECER? TODO CATÓLICO que practique fielmente su religión y desee ser útil a la Iglesia y a la sociedad, y que esté dispuesto a cumplir las normas funcionales de la asociación.La Legión de María no es privativa de tipos escogidos, sino que representa el auténtico catolicismo. Solo exige ganas de darse a los demás.
¿QUÉ HACE? Orar y trabajar apostólicamente. Funciona con reuniones semanales de grupo, donde se ora, se revisa la actividad apostólica, y se estudian temas formativos para hacer más eficaz el apostolado.Los grupos son mixtos de unos 12 miembros dirigidos por 4 seglares y un sacerdote. Existen grupos para adultos a partir de los 18 años. Para menores de edad hay grupos de semilleros (niños de 5 a 10 años), juveniles (de 11 a 14 años) e Intermedios (de 15 a 18 años).
SU SISTEMA es bien sencillo. Cada legionario activo debe:
1. Asistir puntual y semanalmente a la junta de su grupo, donde se mezclan íntimamente la revisión del trabajo efectuado, la formación espiritual y humano-apostólica, con la oración en común.
2. Rezar diariamente la Catena, que es el Magníficat de la Virgen, la oración de los pobres y de los humildes.
3. Realizar un trabajo apostólico concreto cada semana, con duración mínima de dos horas, acompañado de otro legionario.
4. Mantener en secreto los asuntos discutidos en la Junta o conocidos en el ejercicio del trabajo legionario.NO ES MUCHO PEDIR. El Concilio Vaticano II ha sido bastante más duro al decir del católico que no hace apostolado en la medida de sus posibilidades, que "debe considerarse como inútil para la Iglesia y para sí mismo" (AA, Nº 2).
LOS TRABAJOS deben ser activos y sólidos.Portarse bien en casa, en el colegio, centro de estudios o trabajo, realizar ejercicios de piedad, etc. no constituye un trabajo legionario; todo esto tiene que hacerse por añadidura, porque, sin ello, todo lo demás sobraría.Fuera de lo indicado, cualquier otro trabajo puede servir como labor legionaria, pero debe ser señalado por el grupo.He aquí algunos ejemplos: Visitas a toda clase de personas para alentarlas en su vida cristiana. Encuestas entre jóvenes sobre temas de la realidad actual. Enseñanza religiosa: catequesis, círculos de estudio, retiros bíblicos, asambleas familiares, grupos de rosario... Visita a enfermos, ancianos, discapacitados, encarcelados, infectados por el SIDA, drogadictos, etc. Difusión de periódicos y libros católicos. Librería ambulantes. Campañas de alfabetización y clases de cultura. Formación de equipos litúrgicos. Visita a niños en albergues y en hospitales. Contactos callejeros en las calles y parques. Charlas de Planificación Familiar Natural: Método de la Ovulación Billings. Contacto con personas que van a cometer un aborto. Los semilleros y juveniles hacen un apostolado de formación.Siempre debe darse preferencia al apostolado entre jóvenes, por aquello del Vaticano II: "Los jóvenes deben convertirse en los primeros e inmediatos apóstoles con los jóvenes" (AA, Nº 12)
NO ES LABOR de la Legión de María dar socorro material (dinero, ropas, etc). Se trata de llevar algo más importante. Recuérdese que también los Apóstoles prefirieron dedicarse a anunciar el Mensaje de Cristo y eligieron otros que cuidaran a los necesitados (Hech. 6, 2).Por eso, también la Legión de María tiene prohibido recaudar fondos fuera de ella a favor de nada ni de nadie. Su única fuente de ingresos es la colecta voluntaria y secreta que se hace en cada junta.
LO QUE PERSIGUE la Legión de María es entablar un contacto de verdadera amistad con cada persona individual. Intenta llenar de amor lo que está vacío de él, convencida de que sólo así podrá cambiarse el mundo.
DE LOS SOCIOS...Socios Activos: pueden ingresar todo católico que practique fielmente su religión, desee ser útil a la Iglesia y sociedad; y que esté dispuesto a cumplir las normas funcionales de la asociación.Asumen asistir puntual y semanalmente a la junta de su grupo; rezar diariamente la Catena; realizar un trabajo apostólico cada semana, con duración mínima de dos horas, acompañado de otro legionario; y a mantener en secreto los asuntos discutidos en la Junta o conocidos en el ejercicio del trabajo legionario.
Los Socios Auxiliares en cambio prestan un servicio de oración y pueden ingresar sacerdotes, religiosos y seglares que no pueden o no quieren asumir los deberes del socio activo.El servicio de los auxiliares consiste en rezar diariamente las oraciones contenidas en la Téssera (hojita de oraciones), a saber: la invocación y la oración al Espíritu Santo; cinco decenas del Rosario y las oraciones que siguen después; la Catena y, por último, las oraciones finales.Los que recen el Rosario diariamente por cualquier intención que sea, pueden hacerse Socios Auxiliares sin obligación de añadir otro Rosario.
¿CÓMO SE ENTRA A LA LEGIÓN?
Basta que se nos invite.
Para que Ud. conozca mejor la Legión, infórmate en alguna Parroquia.

domingo, 11 de octubre de 2009

MI DOMINGO 2-2

Mi Domingo 2 en movie.....

MI DOMINGO (2)

Hoy volví a Misa de 8 de la mañana en el Asilo, pero hoy me atreví a tomar algunas fotos, por supuesto que lo hice antes de que empezara la Misa, aunque luego, despistadamente grabé unos pequeños pedacitos de la Misa en video.



Es conmovedor ver a las religiosas -casi tan ancianas como las ancianas que cuidan- acomodándolas en la Capilla, según conocen a cada una, las que van en silla de ruedas, las que pueden estar en una banca, los que quieren estar al frente, los que se van a dormir y sólo despertar cuando la religiosa les da la comunión. El señor ciego que hoy supe se llama Santos y "ve" el futbol. Una viejita, flaquita muy endeble, estaba junto a mí y temblorosa de ponía de pie apoyándose en la banca y su bastón y en una ocasión quise ayudarle y me dijo muy seria que "no"...

Para mi se ha vuelto toda una aventura esta nueva manera de asistir a Misa, ahora voy sola, caminando, lo que me da tiempo para prepararme, llego temprano y puedo ver todos los preparativos, la comunidad de matrimonios; el coro de jóvenes -hijos de los matrimonios- haciendo ajustes a sus instrumentos; la monitora, los recepcionistas, los que barren y acomodan; el señor del sonido que dice alabanzas para probar el micrófono, la llegada del sacerdote saludando viejitos.... ahora ya están las puertas abiertas, pues se quitó el calor y entra más luz.

No por ser una Misa en el Asilo de ancianos, es una celebración triste, sino muy alegre al estilo carismático por el grupo de Matrimonios, todos se conocen, se saludan y llenan la capillita, al principio me sentía algo extraña pero poco a poco me estoy volviendo "conocidilla" y saludo a los que me saludan como si fueramos los grandes amigos. Los cantos con instrumentos eléctricos llenan el lugarcito, y se crea un ambiente festivo aunque a veces quisiera que fuera un poco mas suave.

La religiosa me volvió a dar la comunión en el relicario para Helena y luego por los nervios me adelanté para recibir yo la comunión. Hoy el Señor me envolvió y me apretó, lo tenía en mi corazón al comulgar, los que me rodeaban lo habían recibido también y lo tenía en mi relicario, luego detrás de mi pasaron los ministros de la comunión llevando el copón hacia el sagrario del asilo, tocando una campanita.

Guardé al Señor en la bolsa de mi blusa junto a mi corazón y la reliquia de Madre Inés y le encargué que cuidara ese tesoro que llevaba escondido. Otra vez vine cantando alabanzas que me sé como: "bendito, bendito, bendito sea Dios, los ángeles cantan...." y también: "Mi Jesús Sacramentado, yo te adoro y te bendigo..." hice también una estación de adoración: Yo creo... Yo espero...yo amo.... Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Le pedí que fuera bendiciendo a todo el que se cruzara en el camino.

Llegué a la casa, y Helena ya estaba oyendo la Misa en la TV con el Padre Pepe Alvarez, encendí el cirio y subí con el Señor y le dije te traigo un Regalo: "El Cuerpo de Cristo"... y se lo dí.... es tan dulce y tan fuerte, yo nunca he sido ministro de la comunión, sólo en esta circunstancia y con el permiso de mi párroco me he atrevido a tomar al Señor en mis manos.


A Helena le gusta mucho ver bebitos, cuando podíamos ir a Misa con ella se entretenía viendo los bebitos, cada domingo le pedía a la Virgen que pusiera bebitos cerca de nosotros, pues ahora hasta en la TV entre los asistentes había un bebito...¿no es eso un detalle del amor tierno del Señor por mi hija?

viernes, 9 de octubre de 2009

UN MINUTO FRANCISCANO 5 Clara

Este minuto está dedicado a Santa Clara de Asis

SU NOMBRE, votos perpetuos


(6.1) María Inés Teresa Arias


El 14 de diciembre de 1933, cuando la Iglesia Universal celebra el Año Santo de la Redención, Manuelita, con el nuevo nombre que adopta para siempre, emite sus votos perpetuos. Para María Inés Teresa Arias llega por fin el día de sus desposorios. En su diario, salpicado de poesía, describe los sentimientos e íntimas reflexiones que la embargan: Ve Señor, ¡Cómo mi alma sólo a ti desea! Tu corazón divino será el centro y morada del mío; tu Eucaristía, el blanco de mis pensamientos y de los dardos de mi amor; mi refugio, tu sagrario. Yo seré tu consuelo y mi consuelo tu serás.



De nuevo, María Inés Teresa no comparte con sus seres queridos este acontecimiento personal. Por razones adversas ninguno puede estar presente. Ella sabe que con esos votos está dejando todo para siempre. Se le desgarra el corazón por un lado, al recordar el cariño y la ternura de sus padres tan amados. Renunciar a ellos le parece el sacrificio más grande. Pero, por otro, es su amor a Jesús, lo que la mueve a semejante donación. No pueden ser más elocuentes sus propias palabras: Gracias te doy Jesús, muy sinceras por esto tragos de amargura que me has hecho apurar, mi corazón ha rebosado de ella y se ha sentido muy feliz de tener esto que ofrecerte. Ha habido momentos que te he dicho: si es posible pase de mí este cáliz…pero al momento, qué bueno Jesús que puedo sufrir esto por tu amor; que puedo soportar por Ti, el dardo que hiere la fibra de mi amor. Si tú Jesús, divino Prometido mío, vas a permitir, que por un conjunto de circunstancias dolorosas que ninguno de los míos, ninguno de los que amo, ninguno de los que están unidos con los vínculos de la sangre, presencie nuestros desposorios y me dejas en esta soledad; es, lo presiente, Jesús dulcísimo, porque quieres tú hacer sus veces en todo y llenar mi corazón de tus gracias.


El Sr. Arzobispo de México, Don Pascual Díaz, personalmente admite su profesión perpetua. María Inés no olvida las palabras del prelado que ha vivido muy de cerca las arremetidas contra todo lo que su investidura representa. Con profunda emoción el ilustre sacerdote le insta como nueva esposa de Jesucristo, al sacrificio y a la oración en la soledad de su convento, para que en la Santa Iglesia reine de nuevo la paz. Esto aviva más a la joven, sus ansias de trabajar y unirse a las intenciones de su pastor. De pronto le parece muy claro el papel tan importante y esperanzador de ellas, las religiosas.

La alegría de ese día, sin embargo, contrastaba con el sufrimiento que la había perturbado la víspera de sus votos. Pocos días antes de la ceremonia de profesión, una circunstancia, que para muchos podrían parecer insignificante, repercute enormemente en el ánimo de la futura profesa. Se encuentra María Inés dedicada a la oración en la capilla cuando con voz irritada, la madre superiora la obliga a salir. El enojo y reclamación de su superiora se debe a que María Inés había calentado agua para lavarse los pies sin autorización. Por llevarlos desnudos, protegidos tan sólo por unas escuetas sandalias, las jóvenes se ven en la necesidad de lavarlos a menudo; pero el agua que se calienta para eso, no alcanzaba para todas. Como era el mes de diciembre y hacía mucho frío, María Inés, al ver el bote vacío y darse cuenta de que el agua del grifo sale heladísima, se dispone a calentar un poco pues teme enfermarse de la garganta. Esto exaspera a la madre superiora, y aunque la joven intenta disculparse, la hermana la reprende con voz cada vez más fuerte. Palabras como "religiosa incapaz", "monja insubordinada" fueron sólo algunas de las frases que hieren profundamente a la novicia; pero es el colofón que pone fin al mal rato, lo que la deja fría como una estatua: "Estoy tan arrepentida de haberla admitido a la profesión que no sé que hacer". Aquello traspasa como una espada su corazón.

Los pensamientos y sentimientos que la invaden son desconsoladores. ¿Acaso los reglamentos son más importantes que las personas?, se pregunta por un lado, para inmediatamente asumir humildemente su culpa y justificar el proceder de su superiora. En la intimidad del sagrario, como siempre, encuentra su refugio y pide perdón por haber causado el enojo de la hermana a quien debe obediencia plena. Segura y confiada de que está en la presencia del Altísimo, de Aquél que la ha elegido para sí con todas sus miserias y cuya misericordia es infinita. La joven se llena de paz y esa noche escribe en su diario: ¡Oh, cuán bueno es el Señor! Quien no acude en sus amarguras y en sus ansiedades, no dudo que se desespere, porque hay sufrimientos en la vida tan grandes, tan intensos que sólo la religión puede consolar.

Muchas humillaciones debe soportar la religiosa a lo largo de toda su vida, pero siempre sabe sumergirse en el infinito mar de la misericordia del Señor; y de cada experiencia infortunada aprende a salir cada vez más robustecida en la fe y dispuesta, con mejores armas, a luchar contra cualquier obstáculo que pueda perturbar la paz interior.


San José, San Francisco, Santa Clara y Santa Teresita son su fuente de inspiración diaria. El ejemplo de sus vidas la hace plantearse la posibilidad de ser santa. Para llegar a serlo, ella se imagina, al igual que Santa Teresita.... una gran escalera que debe ascender peldaño por peldaño. Sabe que necesita todas las virtudes y para eso trabajará en la oración y el sacrificio cada día de su vida.

Los Ejercicios Espirituales de septiembre de 1934 la conmueven hasta la médula. De sus propósitos inspirados en uno de los temas, María Inés deja constancia por escrito del ideal que la motivará siempre: Hoy, en la meditación de la Resurrección del Señor, con grandes ansias pedí la transformación total, llena de confianza, sumergida en las misericordias de mi Dios “ empezar a ser santa”.

Para sobrellevar la difícil situación económica, las religiosas realizan varias actividades. La hermana María Inés si bien combina el trabajo de sacristana y mecanógrafa, también dedica tiempo al lavado de ropa y a la elaboración de pan, pues la comunidad empieza a vender repostería. A pesar de sus múltiples ocupaciones nunca falta a los rezos en comunidad, ni descuida los oficios religiosos. La vida de esta monjita transcurre entre el trabajo físico y la oración.

Su espíritu emprendedor y optimista, así como el interés que siempre muestra por tratar de solucionar los problemas del convento, no siempre son considerados como cualidades por su superiora. Entre la madre abadesa y la hermana María Inés, surgen a menudo malos entendidos. Otra de las religiosas, testigo de ciertas situaciones, declararía a este respecto, lo siguiente: “se quisieron, más no se comprendieron”.

María Inés siempre lucha por salir ilesa de las rivalidades y humillaciones que tiene que sufrir en diferentes etapas de su vida. Jamás duda del inmenso amor que Jesús siente por ella. Pero la razón principal que la mueve desde aquél día de su conversión es el deseo de salvar almas. Su espíritu misionero nace al mismo tiempo que su vocación religiosa, por eso de allí en adelante su entrega se convierte en una alcancía que guardará monedas para comprar almas, muchas almas.

jueves, 8 de octubre de 2009

ENTRE EL PUENTE Y EL RÍO ......


En Francia, un pueblito llamado Ars, que era hace mucho tiempo como un ranchito, un lugar pequeño y sencillo, creció mucho y se convirtió en una gran ciudad, pues entre otras cosas, vivía ahí un Cura, ahora el renombrado y conocido “Cura de Ars”.


Este Cura, no era un Cura común y corriente, era un Cura al que Dios le concedió tener visiones, incluso conocer los pecados de las personas antes de que ellos los expresaran, por lo cual se hizo famoso y mucha gente empezó a ir a confesarse con él. En una ocasión, una mujer humilde, llegó con lágrimas en los ojos, angustiada y desolada a buscar al Cura, ella, se sentía abrumada por su pena ya que su marido se tiró de un puente, se había suicidado. Al lograr ver al Cura, le contó su dolor y su angustia, le dijo que su esposo se había suicidado y que los que se suicidan ofenden gravemente a Dios y se condenan.


El Cura, con voz firme y tierna a la vez, le dice a la mujer: “No temas, tu marido no se condenó”. La mujer asombrada, perpleja, confundida, le dice al Cura incrédula: “Pero mi marido se suicidó, se quitó la vida y sabemos que solo Dios es Dueño y Señor, él lo ofendió gravemente y murió cometiendo pecado”.

El Cura, tomó su mano, la miró a los ojos y le dijo: “En verdad no temas, tu marido no se condenó. Entre el puente y el río cabe la Misericordia de Dios”. La mujer, después de estas palabras, se fue tranquila, dando gracias a Dios por el milagro de amor que había realizado en su esposo, pues en verdad, que su Misericordia es infinita.

¡Que historia tan maravillosa! No cabe duda que el Amor de Dios es infinito, es inmenso y que su misericordia tiene sus caminos, no podemos querer aplicar nuestros criterios humanos pues para Dios no hay tiempo, ni hay imposibles y El lo que quiere es que toda alma se salve.

MISIÓN CONTINENTAL "los de siempre"

Querrás muchas veces no salir de la rutina, o tendrás miedo de dar razón de tu esperanza mas allá de las fronteras de tu comunidad, puedes incluso pensar que tu tarea de discípulo y misionero se reduce a lo que haces dentro de tu comunidad. Es verdad tú tienes que ayudar a tu comunidad a que sea más viva más evangelizadora, con mas talante evangélico, más fiel a lo que el Señor quiere de ella; pero nunca puedes olvidar que tu comunidad tiene como destino el mundo y su salvación.
No te conviertas nunca en obstáculo para la salida misionera de tu comunidad. No acapares para tí lo que está destinado para todos. Siente especial predilección por todas las propuestas y actividades que tienen a los más alejados como destinatarios de la acción. Si tú mismo no la puedes realizar, alégrate de que haya gente contigo que sienta pasión por sacar el Evangelio de los estrechos límites "de los de siempre"

miércoles, 7 de octubre de 2009

DESPUÉS DE APAGAR LAS LUCES

Hoy es día de la Virgen del Rosario.... y es mi santo..... María Josefina del Rosario...... bueno de mi tercer nombre.... tengo otros dos pendientes.
En este mes de Octubre dedicado a la Virgen estaré buscando anécdotas que nos recuerden lo importante que es rezar el rosario y los  hermosos frutos que da.



Cuando una noticia nos llega de Estados Unidos, en seguida pensamos en vuelos espaciales, en computadores electrónicos, en conflictos militares, avances tecnológicos, índices de la bolsa neoyorquina, estrenos de películas, etc. Pero hay mucho más. Hasta hay la devoción a la Virgen y el rezo de su rosario.

Desde Saint Paul, Minnesota, Estados Unidos, una señora cuenta así sus experiencias:

«Cuando era niña, nuestra familia vivía en una pequeña casa, donde la abuelita venía a visitarnos; solía estar dos o tres semanas, y nosotras nos disputábamos el privilegio de estar en su compañía. Por ser yo la mayor, conseguí dormir en una cama cerca de la suya.

Cada noche, después de apagar las luces y quedar todo en silencio, la oía cuchichear suavemente: estaba rezando. Parecía que no iba a acabar nunca y pronto me esforcé por entender lo que decía. Supe que rezaba el rosario, y de esta manera aprendí el Padrenuestro, el Avemaría y otras oraciones de su uso particular.


La abuelita era irlandesa, católica. Nuestra madre abandonó la religión al casarse con nuestro padre. Siempre hemos ido a escuelas no católicas; en casa no había religión, excepto la de nuestra abuelita, cuando nos visitaba.

Me casé y no me acerqué más a la iglesia. Pero nueve años más tarde sentí la necesidad de una base espiritual. Acudí a la biblioteca, estudié varias religiones Y siempre por la noche recordaba los rezos de la abuelita. Leí libros sobre el Catolicismo, que daban respuestas a todas mis dudas. Encontré un sacerdote, me instruyó en lo necesario y recibí el Bautismo.

Yo rezaba por mi marido y por mis padres. Un año después de ser cristiana, mi esposo anunció que iba a prepararse para el Bautismo. Nuestra madre se reconcilió con la iglesia. Tuvimos un hijo y lo bautizamos según el rito católico. Mi cuñada y su esposo, al ver cuán felices éramos con nuestra nueva religión, se hicieron católicos, y mi marido y yo somos padrinos de sus tres hijos.

¡Todo debido al Rosario rezado en voz baja por una buena mujer!

martes, 6 de octubre de 2009

LOS SEMINARISTAS DE CHINA



Por la falta de libertad religiosa, la vida de los seminarios en China es muy distinta a la de Occidente. Alfa y Omega ha tenido acceso a la experiencia de un seminarista chino que está completando sus estudios en una pequeña ciudad de Europa. Por motivos de seguridad, prefiere no dar su nombre. Su testimonio recuerda los primeros tiempos del cristianismo bajo las persecuciones, y muestra que la Iglesia católica en China está muy viva.


¿Cómo viven los seminaristas en China? Es difícil de contestar, ya que, dependiendo de la situación de cada diócesis, cambia el modo de vivir en el seminario. Lo que voy a decir sobre mi seminario es un pequeño reflejo de los seminarios clandestinos.

El año 1997 entré en el seminario. Éramos casi 30 chicos, procedentes de tres lugares diferentes del país. Nosotros, el curso más joven -casi todos teníamos 17 años- vivíamos en una cueva, construida por los seminaristas mayores en una montaña tan alta que nos parecía vivir en el cielo. Aquella era nuestra capilla, nuestra aula de clase, y también el comedor. Debajo de nosotros había una aldea, de unos 100 habitantes, todos católicos. Eran los que nos protegían, y los que nos subían el arroz, la harina y las verduras.

Durante la semana, no teníamos mucho tiempo libre, porque había que aprovechar las horas al máximo, pues allí nadie sabe cuánto puede durar un curso. De lunes a viernes, teníamos ocho clases diarias, con asignaturas muy variadas. Los sábados hacíamos la limpieza, y los domingos podíamos salir a hacer una pequeña excursión por la montaña. El tiempo de formación antes eran cinco años; ahora son diez, como mínimo.

El primer año vivimos muy felices en aquella cueva, nadie se quejó de la humedad ni de la comida, pues el amor fraterno lo suple todo. La oración y el estudio son nuestra tarea principal, porque sabemos que Cristo necesita soldados bien armados de ciencia y de santidad para extender su reino en China. Cuando alguno está enfermo, o le duele el estómago, o la pierna -porque hay mucha humedad-, el formador suele decirle bromeando que son síntomas de vocación, porque casi todos los curas tienen tales enfermedades. ¡Pues, ya ves cómo Dios confirma la llamada! Nosotros sabemos que el dolor de estómago del formador es debido a la mala alimentación que tuvo cuando estuvo en la cárcel, pues le daban muy poca comida, y mala. Cuando le preguntamos qué pensaba en la cárcel, nos dijo: «En la comida; después del desayuno, uno ya comienza a esperar el almuerzo, porque siempre teníamos hambre».

El trabajo en la cárcel no era muy duro, pero cansaba mucho: tenía que escoger pelos de cerdos durante horas y horas, para la fabricación de cepillos de zapatos. Mi formador tenía un sentimiento especial con aquellos cepillos. Cuando Dios bendice, bendice con la cruz. Así, estábamos casi acostumbrados a que Dios, de vez en cuando, nos mandaba una pequeña cruz.

En aquel tiempo, cuando rezábamos, podíamos cantar; también podíamos reírnos a carcajadas, hablar en voz alta, salir a dar paseos... Gozamos de bastante libertad durante casi un curso entero. Luego tuvimos que irnos a otro sitio. Es que los policías se enteraron de la existencia de un grupo de los nuestros, que vivían en otra montaña. Les capturaron a todos cuando estaban almorzando. En el camino a la comisaría, una feligresa vio a un seminarista en el jeep de policía haciéndole señales, así que subió corriendo adonde nosotros estábamos para avisarnos. Cuando llegó, estábamos preparando la cena. El formador, sin pensar ni un segundo, en seguida nos mandó huir. Bajamos de la montaña cruzando un bosque, de dos en dos. Todavía no éramos conscientes del miedo, nos parecía casi divertido aquello de huir corriendo de la policía. Hacíamos competiciones para ver quién corría más rápido...

Una vez salimos de la casa, los fieles de la aldea metieron piensos para los animales domésticos en la cueva, y echaron polvo en el cristal de la ventana, que siempre había estado muy limpia. Esa misma noche, subieron los policías, llevando perros, para capturarnos también a nosotros. Dios pensó que todavía no era el tiempo. Ya no había nadie allí.

Tres meses después, nos reunimos en otra provincia. Nos dijo el Rector que los seminaristas detenidos recibieron una condena de tres años de cárcel, y que tenían que cavar piedras, ya que el sitio era montañoso y hacía falta construir caminos. En esta nueva casa, el formador nos dijo que fuéramos más prudentes y cautelosos, no sólo por nuestra seguridad, sino también por la de la familia que nos había acogido. Así que no podíamos hablar en voz alta, ni reírnos demasiado, y mucho menos salir de la habitación, para que no se enterasen los vecinos. Pero, no sé cómo, siempre acaban enterándose. Por eso teníamos que cambiar de casa cada muy poco tiempo -como mucho, cada medio año-. Hasta el día de hoy, los seminaristas de mi diócesis siguen llevando este estilo de vida, huyendo de un sitio para otro. Cuando en alguna fiesta, como la Pascua, quieren cantar los chicos, el formador elige a uno o dos para que canten, y en voz baja...

Primavera en China


La Iglesia en China lleva siglos de persecución. La sangre de los mártires, semilla de los nuevos cristianos, está brotando. Una primavera del cristianismo está llegando a China. Cada año, a pesar de la falta de libertad religiosa, miles y miles chinos se bautizan. Ahora más que nunca hacen falta misioneros intelectualmente bien preparados; tenemos que dar razones de nuestra esperanza a la gente. Para llevar a cabo esta misión, la Iglesia en Europa nos ha ofrecido su ayuda: muchos movimientos de la Iglesia quieren encargarse de la educación de los seminaristas chinos. Así, muchas diócesis han enviado a sus seminaristas a Europa para recibir una mejor formación y para que luego puedan servir mejor a la Iglesia.

Lo que quiero es que la gente conozca un poco más cómo viven los seminaristas en China ahora, porque se habla mucho de la apertura de China, el desarrollo de China, incluso de la mejoría de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y China, como si en China hubiera libertad religiosa ya. Yo quería escribir un poco cómo estudian los seminaristas en China, porque estudian mucho. Ciertamente tenemos pocos recursos para ello, pero estudian mucho, porque saben que la Iglesia lo necesita -me dolió mucho escuchar a un cardenal que dijo que el clero de la Iglesia clandestina es inculto-.

El año pasado fui a China; la vida de los seminaristas sigue siendo como antes, no pueden hablar ni cantar en voz alta. El día de la Asunción de la Virgen, no se imaginan cuántas ganas tenían los chicos de cantar una misa a la Virgen, pero no podían; cerramos todas las ventanas y puertas en pleno agosto, para que pudieran cantar algo.

Se habla mucho de la Iglesia oficial o patriótica, y la Iglesia clandestina o fiel a Roma, pero la cuestión de fondo no está en esto, sino en el sistema político: para el comunismo no existe la persona, por consiguiente, ni sus derechos, y mucho menos la libertad religiosa. Queremos todos ver una Iglesia unida en China, pero es el Gobierno el que no lo quiere.

Al amable lector, le ruego que en su momento de oración se acuerde de los obispos y los sacerdotes que están todavía en la cárcel, y rece por los seminaristas, para que seamos aptos para el reino de Dios.

Un seminarista

Fuente: Revista Alfa y Omega, Madrid, 15 de marzo de 2007

domingo, 4 de octubre de 2009

Para terminar el día de San Francisco


«Haz lo necesario,
después todo lo posible,
y así conseguirás
hasta lo imposible.»
S. Francisco de Asís.
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