Desde que mi amiga la Dra. Gaby me llevó a la devoción de la Divina Misericordia hay algo que me empuja a rezar la Coronilla todos los días, pienso en las personas enfermas o en su último momento de vida y recuerdo las palabras de Jesús a Santa Faustina:

Y recuerdo lo que dice el mismo diario:
1565 Cuando entré por un momento en la capilla, el Señor me dijo: "Hija Mía, ayúdame a salvar a un pecador agonizante; reza por él esta coronilla que te he enseñado". Al empezar a rezar la coronilla, vi a aquel moribundo entre terribles tormentos y luchas. El Ángel Custodio lo defendía, pero era como impotente ante la gran miseria de aquella alma; una multitud de demonios estaba esperando aquella alma. Mientras rezaba la coronilla, vi a Jesús tal y como está pintado en la imagen. Los rayos que salieron del Corazón de Jesús envolvieron al enfermo y las fuerzas de las tinieblas huyeron en pánico. El enfermo expiró sereno. Cuando volví en mí, comprendí la importancia que tiene esta coronilla rezada junto a los agonizantes, ella aplaca la ira de Dios.
Un día platicando sobre esto, una amiga de mi amiga Vicky comentó que en una ocasión fueron al Hospital General o a Seguro Social, ya no recuerdo bien, para acompañar a una persona enferma con oración; hicieron la Coronilla y los enfermos de las otras camas se llenaron de consuelo y participaban de la oración; y cuando ya se retiraban se encontraron en el pasillo a una familia desesperada que lloraban porque su enfermo estaba agonizante pero muy inquieto y estaban asustados, habían mandado llamar al padre pero aún no llegaba, ellas, queriendo ayudar en algo, les preguntaron si querían que rezaran juntos y ahí en el pasillo rezaron otra vez la Coronilla, dentro en el cuarto el enfermo comenzó a tranquilizarse y a volver en sí y pronto llegó el sacerdote le administró los sacramentos y murió en ese momento.
Ella no sabía lo que decía el Diario de Santa Faustina y cuando se lo comenté se estremecía de saber lo que en realidad había sucedido cuando ellas rezaron por el enfermo aquel... por eso cuando ya tengo mucho sueño, o me siento cansada, recuerdo todo esto y comienzo mi oración que aunque pobre e indigna se vuelve infinita por la grande Misericordia de Dios que quiere que todos se salven y que nos hace cooperadores por su mucho amor que nos tiene.
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