miércoles, 8 de octubre de 2014

Francisco en la Audiencia: Las divisiones entre cristianos hieren a Cristo


EL SIEMPRE ACTUAL SAN AGUSTÍN


Leer el comentario del Evangelio por : 

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Carta 130, a Proba sobre la oración dominical 11-12 (trad. breviario 29º martes) 


"Enséñanos a orar"

A nosotros, cuando oramos, nos son necesarias las palabras: ellas nos amonestan y nos descubren lo que debemos pedir; pero lejos de nosotros el pensar que las palabras de nuestra oración sirvan para mostrar a Dios lo que necesitamos o para forzarlo a concedérnoslo. Por tanto, al decir: Santificado sea tu nombre, nos amonestamos a nosotros mismos para que deseemos que el nombre del Señor, que siempre es santo en sí mismo, sea también tenido como santo por los hombres, es decir, que no sea nunca despreciado por ellos; lo cual, ciertamente, redunda en bien de los mismos hombres y no en bien de Dios. Y cuando añadimos: Venga a nosotros tu reino, lo que pedimos es que crezca nuestro deseo de que este reino llegue a nosotros y de que nosotros podamos reinar en él, pues el reino de Dios vendrá ciertamente, lo queramos o no. Cuando decimos: Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo, pedimos que el Señor nos otorgue la virtud de la obediencia, para que así cumplamos su voluntad como la cumplen sus ángeles en el cielo. […] 

Cuando decimos: Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, nos obligamos a pensar tanto en lo que pedimos como en lo que debemos hacer, no sea que seamos indignos de alcanzar aquello por lo que oramos. […] Cuando decimos: Líbranos del mal, recapacitamos que aún no estamos en aquel sumo bien en donde no será posible que nos sobrevenga mal alguno. Y estas últimas palabras de la oración dominical abarcan tanto, que el cristiano, sea cual fuere la tribulación en que se encuentre, tiene en esta petición su modo de gemir, su manera de llorar, las palabras con que empezar su oración, la reflexión en la cual meditar y las expresiones con que terminar dicha oración. 

Es, pues, muy conveniente valerse de estas palabras para grabar en nuestra memoria todas estas realidades. Porque todas las demás palabras que podamos decir […], no dicen otra cosa que lo que ya se contiene en la oración dominical, si hacemos la oración de modo conveniente.

miércoles 08 Octubre 2014
Miércoles de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario

domingo, 5 de octubre de 2014

SÍNODO DE LA FAMILIA (HOMILÍA DE APERTURA)

PAPA FRANCISCO EN HOMILÍA DE INICIO DEL SÍNODO: «SÍNODOS NO SIRVEN PARA VER QUIÉN ES MEJOR, SIRVEN PARA COOPERAR CON EL PROYECTO DE AMOR DEL SEÑOR» 5 de octubre de 2014.- 

El profeta Isaías y el Evangelio de hoy usan la imagen de la viña del Señor. La viña del Señor es su «sueño», el proyecto que él cultiva con todo su amor, como un campesino cuida su viña. La vid es una planta que requiere much...os cuidados.

El «sueño» de Dios es su pueblo: Él lo ha plantado y lo cultiva con amor paciente y fiel, para que se convierta en un pueblo santo, un pueblo que dé muchos frutos buenos de justicia. 

Sin embargo, tanto en la antigua profecía como en la parábola de Jesús, este sueño de Dios queda frustrado. Isaías dice que la viña, tan amada y cuidada, en vez de uva «dio agrazones» (5,2.4); Dios «esperaba derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos» (v. 7). En el Evangelio, en cambio, son los labradores quienes desbaratan el plan del Señor: no hacen su trabajo, sino que piensan en sus propios intereses. 

Con su parábola, Jesús se dirige a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos del pueblo, es decir, a los «sabios», a la clase dirigente. A ellos ha encomendado Dios de manera especial su «sueño», es decir, a su pueblo, para que lo cultiven, se cuiden de él, lo protejan de los animales salvajes. El cometido de los jefes del pueblo es éste: cultivar la viña con libertad, creatividad y laboriosidad. 

Pero Jesús dice que aquellos labradores se apoderaron de la viña; por su codicia y soberbia, quieren disponer de ella como quieran, quitando así a Dios la posibilidad de realizar su sueño sobre el pueblo que se ha elegido. 

La tentación de la codicia siempre está presente. También la encontramos en la gran profecía de Ezequiel sobre los pastores (cf. cap. 34), comentada por san Agustín en su célebre discurso que acabamos de leer en la Liturgia de las Horas. La codicia del dinero y del poder. Y para satisfacer esta codicia, los malos pastores cargan sobre los hombros de las personas fardos insoportables, que ellos mismos ni siquiera tocan con un dedo (cf. Mt 23,4). 

También nosotros estamos llamados en el Sínodo de los Obispos a trabajar por la viña del Señor. Las Asambleas sinodales no sirven para discutir ideas brillantes y originales, o para ver quién es más inteligente... Sirven para cultivar y guardar mejor la viña del Señor, para cooperar en su sueño, su proyecto de amor por su pueblo. En este caso, el Señor nos pide que cuidemos de la familia, que desde los orígenes es parte integral de su designio de amor por la humanidad. 

También nosotros podemos tener la tentación de «apoderarnos» de la viña, a causa de la codicia que nunca falta en nosotros, seres humanos. El sueño de Dios siempre se enfrenta con la hipocresía de algunos servidores suyos. Podemos «frustrar» el sueño de Dios si no nos dejamos guiar por el Espíritu Santo. El Espíritu nos da esa sabiduría que va más allá de la ciencia, para trabajar generosamente con verdadera libertad y humilde creatividad. 

Hermanos, para cultivar y guardar bien la viña, es preciso que nuestro corazón y nuestra mente estén custodiados en Jesucristo por la «paz de Dios, que supera todo juicio», como dice san Pablo (Flp 4,7). De este modo, nuestros pensamientos y nuestros proyectos serán conformes al sueño de Dios: formar un pueblo santo que le pertenezca y que produzca los frutos del Reino de Dios (cf. Mt 21,43).

Source:(13 TV / Radio Vaticano).

lunes, 25 de agosto de 2014

PRÓXIMAMENTE CALENDARIO DEL PAPA FRANCISCO

  1. YA EMPEZAMOS LA PREPARACIÓN DEL CALENDARIO "PAPA FRANCISCO POR LA PAZ 2015" lo pondremos a la venta a mediados de octubre. Puede incluir las fechas y logos de tu Asociación, Parroquia etc. etc

jueves, 31 de julio de 2014

SER ABUELO

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Para el ignorante, la vejez es el invierno de la vida, pero para el sabio, es la época de la buena cosecha
Para el ignorante, la vejez es el invierno de la vida, pero para el sabio, es la época de la buena cosecha
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Mi padre decía que la “alegría del viejo es ser abuelo”. Hoy yo experimento esa verdad. Cómo es bueno estar con mis diez nietos, contándoles historias, desafiándolos con “veo veo”, jugando fútbol, vídeo juegos, andando en bicicleta, pintando para ellos, enjugando sus lágrimas infantiles, jugando al escondite de sus madres … ¡Qué cosa más gustosa son los nietos!
Pero en todo eso yo busco poner en los corazones de ellos la llama de la fe, el amor a las virtudes, el respeto a los padres, a los más mayores, el amor a Dios, y la belleza de la vida que Dios les dio.
En la oración del Ángelus en el Palacio San Joaquín el 26 de julio de 2013, en la JMJ, el Papa Francisco dijo:
“Qué importantes son los abuelos en la vida de la familia, para comunicar el patrimonio de la humanidad y de la fe que es esencial para cualquier sociedad. Y qué importante es el encuentro y el diálogo entre las generaciones, principalmente dentro de la familia”.
Pienso que en estas palabras el Papa resumió la importancia de los abuelos en la vida de los nietos. Ellos traen consigo una larga experiencia adquirida en la escuela de la vida, en los libros, en las luchas, en las lágrimas, en el dolor y en las alegrías.
Ellos ya vieron morir a muchos, ya sufrieron en la propia carne las derrotas y los fracasos, y tuvieron que levantarse nuevamente en cada tropiezo. Por eso, ellos pueden enseñar a los hijos y los nietos a huir del peligro. Es mucho mejor aprender con los errores de los otros que con los propios.
Dice el libro de Proverbios que: “El vigor es la belleza de los jóvenes, las canas el ornato de los viejos” (Pr 20, 29).
El hombre moderno “conquistó el universo, pero perdió el dominio de sí mismo”, dijo Michel Quoist; por eso “se siente amenazado por aquello que construyó con su inteligencia y con sus manos”, dijo Juan Pablo II.
Esto es porque le falta sabiduría. Y esta sabiduría los abuelos la traen en el alma. No basta la ciencia y la técnica, es necesario cultivar los valores éticos y morales.
Para el ignorante, la vejez es el invierno de la vida, pero para el sabio, es la época de la buena cosecha.
“No son los años los que nos envejecen; sino la idea de quedarnos viejos. Hay hombres que son jóvenes a los ochenta años, y otros que son viejos a los cuarenta”, dijo el p. Antonio Vieira (1608 – 1697).
Un anciano que supo envejecer como el vino, sin volverse vinagre, sabrá agradar a los nietos y hacerlos crecer en sabiduría y santidad.
En este mundo tan ocupado donde los padres y las madres se agitan con muchas actividades, muchos hijos se quedan sin sus presencias tan importantes.
Entonces, crece todavía más la importancia de los buenos abuelos que puedan suplir esa ausencia. Es un verdadero apostolado de la tercera edad.
Los abuelos pueden ser hoy los primeros catequistas de los nietos, cuando los padres ya no pueden hacer eso; especialmente en aquellos casos en que falta uno de los padres en la vida del nieto.
Sin duda, no es una misión fácil a causa del peso de los años, pero es una tarea magnífica en un mundo donde comienzan a desaparecer los verdaderos valores morales y espirituales.Autor desconocido. Enviado por Miguel Iborra.
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