domingo, 15 de marzo de 2015

Mi Domingo. R.I.P.

El la Misa de hoy domingo, en el canto de salida cantaron un hermoso canto que me llega al alma:
A ti señor, levantaré mi alma (2)

Oh Dios mío en ti confío,
no sea yo avergonzado,
no se alegren de mi mis enemigos (2)

De los pecados de mi juventud y
de mis rebeliones no te acuerdes más.

Oh Dios mío.....

Se me queda grabado y lo repito luego muchas veces.....y me  hizo pensar en mi muerte.

Tengo una amiga que me tiene el encargo de los cantos de su misa de funeral, quiere que le canten: Que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor...... y luego cuando la estén enterrando le canten la de Juan Gabriel: Amor eterno. Cada quien se siente identificado con alguna canción.

He escuchado en distintas conversaciones que cada quien va dejando alguna instrucción para después de su muerte.... algunas verdaderamente extravagantes..... como juntar las cenizas con las del esposo y luego tirarlas en el mar..... o cosas así.... que si quieren que los entierren o que si mejor los incineran... etc. etc. etc. 

Esto me ha hecho pensar en que no quiero dejar ningún tipo de instrucción para mi funeral..... que si ya estoy muerta no tengo porqué dejar cargas a los que se quedan.... ¿quiénes se quedarán? no lo sé ¿quién podrá y querrá hacerse cargo de mis extravagancias?..... mejor que hagan con mis restos lo que mejor se les acomode en ese momento.... eso sí, quisiera que alguien rezara por mi... eso sí que lo voy a necesitar..... pero ni eso quiero dejar de encargo..... ojalá alguien quiera hacerlo porque sí que lo voy a necesitar.


viernes, 13 de marzo de 2015

ME CONFESÉ

Hoy me confese. Ayer fui y no tuve suerte, no hubo confesiones, pero no desistí y me fui temprano, fui "primeras" pero al último.... Porque las confesiones fueron al terminar la misa.... Durante la misa estuvieron junto a mi una mamá y su joven hijo, un joven muy delgado, rapado de la cabeza, con barba de candado, y un tatuaje en el cuello. El muchacho se veía bastante nervioso, pero condescendiente con la mamá. La ayudó a levantarse después de la Consagración y le ponía atención a cuanto ella le indicaba.... Tal vez la madre quería de manera insistente llevar al joven por el buen camino... Lo miraba, le acariciaba la rodilla.. Le hablaba quedito....
El padre no quiso confesar en el confesionario... Tiene una lesión en la pierna y quizá le incomoda el lugar, así que, nos trasladamos a las primeras bancas del templo. Como ya dije fui "primeras" y como es mi costumbre enumeré mis graves y persistentes pecados uno tras otro, sin entrar en explicaciones ni justificaciones.... Y eso hizo que la confesión fuera muy rápida, lo mismo que la gracia divina para perdonar.... Me levanté siendo la misma, pero transformada, gozosa, y no pude evitar una sonrisa, me he dado cuenta que esa es mi reacción espontánea después de la confesión......sonreír. Y con la sonrisa en los labios vi los rostros asombrados de los que esperaban a la confesión un poco más atrás, sobre todo el muchacho delgado, que me miraba insistentemente. No pude evitar, mirarlo también, ampliar la sonrisa y hacer un gesto con mi mano......��

martes, 10 de marzo de 2015

PERDÓN

HOMILÍA COMPLETA DEL PAPA
(Fuente: Radio Vaticana)

"Pedir perdón es otra cosa, es distinto que pedir disculpas. ¿Yo me equivoco? Pero, discúlpame, me he equivocado… ¡He pecado! No tiene nada que ver una cosa con la otra. El pecado no es una simple equivocación. El pecado es idolatría, es adorar al ídolo, al ídolo del orgullo, de la vanidad, del dinero, del ‘mí mismo’, del bienestar… Tantos ídolos que nosotros tenemos. Y por esta razón Azarías no pide disculpas. Pide perdón”.

"Jesús nos enseña a rezar así al Padre: ‘perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos  a los que nos ofenden’. Si yo no soy capaz de perdonar, no soy capaz de pedir perdón. ‘Pero, Padre, yo me confieso, voy a confesarme…’. ‘¿Y qué haces antes de confesarte?’. ‘Pienso en las cosas que he hecho mal…’. ‘Está bien’. ‘Después pido perdón al Señor y prometo no volver a hacerlas…’. ‘Bien. Y después vas a lo del sacerdote. Pero antes te falta una cosa: ¿has perdonado a aquellos que te han hecho el mal?’”.

"Este es el razonamiento que Jesús nos enseña sobre el perdón. Primero: pedir perdón no es un sencillo pedir disculpas, es ser consciente del pecado, de nuestra idolatría, de las tantas idolatrías. Segundo: Dios siempre perdona, siempre. Pero pide que yo perdone. Si yo no perdono, en cierto sentido cierro la puerta al perdón de Dios. ‘Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden’”.

domingo, 1 de febrero de 2015

7 domingos de san José 1er domingo de san José

Meditación del día de Hablar con Dios (2)

7 domingos de san José
1er domingo de san José
VOCACIÓN Y SANTIDAD DE SAN JOSÉ*

http://www.hablarcondios.org/meditaciondiaria2.asp

— El más grande de los santos.
— «A los que Dios elige para algo, los prepara y dispone de tal modo que sean idóneos para ello».
— Nuestra propia vocación: «porque tenemos la gracia del Señor, podremos superar todas las dificultades».
I. Comenzamos hoy esta antigua costumbre de preparar, con siete semanas de antelación, la festividad del Santo Patriarca, que tuvo a su cargo en la tierra a Jesús y a María. En cada uno de estos domingos, procuraremos meditar la vida de San José, llena de enseñanzas, fomentaremos su devoción y nos acogeremos a su patrocinio.
San José, después de María, es el mayor de los santos en el Cielo, según enseña comúnmente la doctrina católica1. El humilde carpintero de Nazareth sobresale en gracia y en bienaventuranza por encima de los patriarcas, de los profetas, de San Juan el Bautista, de San Pedro, de San Pablo, de todos los Apóstoles, santos mártires y doctores de la Iglesia2. Ocupa en la Plegaria eucarística I (Canon Romano) del misal el primer lugar, después de Nuestra Señora.
Al Santo Patriarca le han sido encomendados, de un modo real y misterioso, los cristianos de todas las épocas. Así lo expresan las bellísimas Letanías de San José aprobadas por la Iglesia, que resumen todas sus prerrogativas: San José, ilustre descendiente de David, luz de los patriarcas, esposo de la Madre de Dios (...), modelo de los que trabajan, honor de la vida doméstica, guardián de las vírgenes, sostén de las familias, consolación de los afligidos, esperanza de los enfermos, patrono de los moribundos, terror de los demonios, protector de la Iglesia santa... Salvo a María, a ninguna otra criatura podemos dirigir tantas alabanzas. La Iglesia entera reconoce en San José a su protector y patrono. Este patrocinio «es necesario a la Iglesia no solo como defensa contra los peligros que surgen, sino también y sobre todo como aliento en su renovado empeño de evangelización en el mundo y de reevangelización en aquellos «países y naciones, en los que (...) la religión y la vida cristiana fueron florecientes» y que «están ahora sometidos a dura prueba». Para llevar el primer anuncio de Cristo y para volver a llevarlo allí donde está descuidado u olvidado, la Iglesia tiene necesidad de un especial poder desde lo alto (cfr. Lc 24, 49; Hech 1, 8), don ciertamente del Espíritu del Señor, no desligado de la intercesión y del ejemplo de sus Santos»3. Muy especialmente del más grande de todos ellos.
A lo largo de estas siete semanas, en las que preparamos su fiesta, podemos renovar y enriquecer esta sólida devoción y obtener muchas gracias y ayudas del Santo Patriarca. Son días para acercarnos más a él, para tratarle y amarle. «Quiere mucho a San José, quiérele con toda tu alma, porque es la persona que, con Jesús, más ha amado a Santa María y el que más ha tratado a Dios: el que más le ha amado, después de nuestra Madre.
»-Se merece tu cariño, y te conviene tratarle, porque es Maestro de vida interior, y puede mucho ante el Señor y ante la Madre de Dios»4. Aprovechemos particularmente en estos días este poder de intercesión, encomendándole aquello que más nos preocupa, de lo que tenemos más necesidad.
II. A San José se le puede aplicar el principio formulado por Santo Tomás a propósito de la plenitud de gracia y de la santidad de María: «A los que Dios elige para algo, los prepara y dispone de tal modo que sean idóneos para ello»5.
Por esto, la Virgen Santísima, llamada a ser Madre de Dios, recibió, junto con la inmunidad de la culpa original, desde el mismo instante de su Concepción una plenitud de gracia que superaba ya la gracia final de todos los santos juntos. María, la más cercana a la fuente de toda gracia, se benefició de ella más que ninguna otra criatura6. Y después de María, nadie estuvo más cerca de Jesús que San José, que hizo las veces de padre suyo aquí en la tierra. Después de María, nadie recibió una misión tan singular como José, nadie le amó más, nadie le prestó más servicios... Ningún otro estuvo más cerca del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. «Precisamente José de Nazareth “participó” en este misterio como ninguna otra persona, a excepción de María, la Madre del Verbo Encarnado. Él participó en este misterio junto con ella, comprometido en la realidad del mismo hecho salvífico, siendo depositario del mismo amor, por cuyo poder el eterno Padre nos predestinó a la adopción de hijos suyos por Jesucristo (Ef 1, 5)»7.
El alma de José debió ser preparada con singulares dones para que llevara a cabo una misión tan extraordinaria, como la de ser custodio fiel de Jesús y de María. ¿Cómo no iba a ser excepcional la criatura a quien Dios encomendó lo que más quería de este mundo? El ministerio de San José fue de tal importancia que todos los ángeles juntos no sirvieron tanto a Dios como José solo8.
Un autor antiguo enseña que San José participó de la plenitud de Cristo de un modo incluso más excelente y perfecto que los Apóstoles, pues «participaba de la plenitud divina en Cristo: amándole, viviendo con Él, escuchándole, tocándole. Bebía y se saciaba en la fuente superabundante de Cristo, formándose en su interior un manantial que brotaba hasta la vida eterna.
»Participó de la plenitud de la Santísima Virgen de un modo singular: por su amor conyugal, por su mutua sumisión en las obras y por la comunicación de sus consolaciones interiores. La Santísima Virgen no pudo consentir que San José estuviese privado de su perfección, alegría y consuelos. Era bondadosísima, y por la presencia de Cristo y de los ángeles gozaba de alegrías ocultas a todos los mortales, que solo podía comunicar a su esposo amantísimo, para que en medio de sus trabajos tuviese un consuelo divino; y así, mediante esta comunicación espiritual con su esposo, la Madre intacta cumplía el precepto del Señor de ser dos en una sola carne»9.
¡Oh José! -le decimos con una oración que sirve para prepararnos a celebrar la Santa Misa o a asistir a ella- varón bienaventurado y feliz, a quien fue concedido ver y oír al Dios, a quien muchos reyes quisieron ver y oír, y no oyeron ni vieron. Y no solo verle y oírle, sino llevarlo en brazos, besarlo, vestirlo y custodiarlo: ruega por nosotros10. Atiéndenos en aquello que en estos días te pedimos, y que dejamos en tus manos para que tú lo presentes ante Jesús, que tanto te amó y a quien tanto amaste en la tierra y ahora amas y adoras en el Cielo. Él no te niega nada.
III. Enseña San Bernardino de Siena, siguiendo a Santo Tomás, que «cuando, por gracia divina, Dios elige a alguno para una misión muy elevada, le otorga todos los dones necesarios para llevar a cabo esta misión, lo que se verifica en grado eminente en San José, padre nutricio de Nuestro Señor Jesucristo y esposo de María»11. La santidad consiste en cumplir la propia vocación. Y en San José esta consistió, principalmente, en preservar la virginidad de María contrayendo con Ella un verdadero matrimonio, pero santo y virginal.El Ángel del Señor le dijo: José, hijo de David, no temas recibir contigo a María, tu mujer, pues lo que en Ella ha nacido es obra del Espíritu Santo12. María es su esposa, y José la amó con el amor más puro y delicado que podamos imaginar.
Con relación a Jesús, José veló sobre Él, le protegió, le enseñó su oficio, contribuyó a su educación... «Se le llama su padre nutricio y también padre adoptivo, pero estos nombres no pueden expresar plenamente esta relación misteriosa y llena de gracia. Un hombre se convierte accidentalmente en padre adoptivo o en padre nutricio de un niño, mientras que José no se convirtió accidentalmente en el padre nutricio del Verbo encarnado; fue creado y puesto en el mundo con ese fin; es el objeto primero de su predestinación y la razón de todas las gracias»13. Esa fue su vocación: ser padre adoptivo de Jesús y esposo de María; sacar adelante, muchas veces con sacrificio y dificultades, a aquella familia.
San José fue tan santo porque correspondió fidelísimamente a las gracias que recibió para cumplir una misión tan singular. Nosotros podemos meditar hoy junto al Santo Patriarca en la vocación en medio del mundo que también hemos recibido y en las gracias necesarias que continuamente nos da el Señor para vivirla fielmente.
Nunca debemos olvidar que a quienes Dios elige para algo, los prepara y dispone de tal modo que sean idóneos para ello. ¿Dudamos cuando encontramos dificultades para llevar a cabo lo que Dios quiere de nosotros: sostener a la familia, vivir la entrega generosa que el Señor nos pide, vivir el celibato apostólico, si ha sido esa la inmensa gracia que Dios ha querido para nosotros?, ¿seguimos el razonamiento lógico de que «porque tengo la gracia de Dios, porque tengo una vocación, podré superar todos los obstáculos?», ¿me crezco ante las dificultades, apoyándome en Dios?
«Lo has visto con claridad: mientras tanta gente no le conoce, Dios se ha fijado en ti. Quiere que seas fundamento, sillar, en el que se apoye la vida de la Iglesia.
»Medita esta realidad, y sacarás muchas consecuencias prácticas para tu conducta ordinaria: el fundamento, el sillar –quizá sin brillar, oculto– ha de ser sólido, sin fragilidades; tiene que servir de base para el sostenimiento del edificio...; si no, se queda aislado»14. San José, que fue cimiento seguro en el que descansaron Jesús y María, nos enseña hoy a ser firmes en nuestra peculiar vocación, de la que dependen la fe y la alegría de tantos. Él nos ayudará a ser siempre fieles, si acudimos frecuentemente a su patrocinio. Sancte Ioseph... ora pro nobis... ora pro me, le podemos repetir muchas veces en el día de hoy.
1 Cfr. León XIII, Enc. Quamquam pluries, 15-VIII-1899. — 2 Cfr. San Bernardino de SienaSermón I sobre San José. — 3 Juan Pablo II, Exhor. Apost. Redemptoris custos, 15-VIII-1989, 19. — 4 San Josemaría EscriváForja, n. 554. — 5 Santo Tomás,Suma Teológica, 3. q. 27, a. 4, c. — 6 Ibídem, a. 5. — 7 Juan Pablo IIibídem, 2. — 8 Cfr. B. LlameraTeología de San José, BAC, Madrid 1953, p. 186. — 9 Isidoro de Isolano -siglo xvi-, Suma de los dones de San José, III, 17. — 10 Preces selectae, Adamas Verlag, Colonia 1987, p. 12. — 11 San Bernardino de Sienaloc. cit. — 12 Mt 1, 20; Lc 2, 5. — 13 R. Garrigou-LagrangeLa Madre del Salvador, p. 389. — 14 San Josemaría EscriváForja, n. 472.
* La devoción y el culto a San José han nacido y crecido espontáneamente en el corazón del pueblo cristiano, el cual ha sabido descubrir en el Santo Patriarca el modelo de humildad, de trabajo y de fidelidad en el cumplimiento de la propia vocación.
Entre las devociones más extendidas al que hizo de padre de Jesús aquí en la tierra y fue fiel custodio de María, está la de los siete domingos que preceden a la fiesta. En ellos se suele meditar algún aspecto de la personalidad del Santo Patriarca y se acude a su intercesión para pedir tantas gracias como necesitamos.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

ORACIÓN DE FIN DE AÑO Y AÑO NUEVO 2015

El Papa Francisco nos pide, en este fin de año, Agradecer y Pedir Perdón, 

Cada año hago eso...me arrepiento por haber dejado tantas cosas sin hacer, por haber hecho tantas cosas en la mediocridad y por olvidar hacer las cosas con la mirada puesta en el Cielo. Además todas aquellas cosas que no debía hacer..... las indiferencias, los berinches, las críticas, la burla..... una larga lista de pecados que quedaron ya borrados proque la gracia de Dios todo lo puede....... y 

Agradecer, primero que nada, esa Gracia de Dios que no se agota nunca, que no se cansa de acercarse, de perdonar, de inspirar buenos deseos, buenas intenciones, motivaciones para seguir adelante cuando todo parece derrumbarse.

Pero este año quiero pedir perdón y al mismo tiempo agradecer el "saberme peregrino"... peregrino en la vida, peregrino en el mundo... caminante que tiene una puerta abierta a la que sabe, desea, intuye, corre y quiere llegar.... La Casa del Padre... mi casa. Quiero pedir perdón por perder el camino, por arrastrarme en los senderos tortuosos de lo mundano, de lo caduco y quiero agradecer que la Luz de Cristo es mas fuerte que las tinieblas y siempre me vuelve a mostrar esa Puerta por la que tarde o temprano pasaré. Quiero Señor, en este Año que comienza.... una sola cosa: "SER PEREGRINO" con el rumbo bien definido hacia Ti, tomado de tu mano.

martes, 30 de diciembre de 2014

MENSAJE PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

A continuación, publicamos el texto íntegro del Mensaje para la Jornada Mundial del Enfermo de 2015.
Sapientia cordis. «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies» (Jb 29,15)
Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la XXIII Jornada Mundial de Enfermo, instituida por san Juan Pablo II, me dirijo a vosotros que lleváis el peso de la enfermedad y de diferentes modos estáis unidos a la carne de Cristo sufriente; así como también a vosotros, profesionales y voluntarios en el ámbito sanitario.
El tema de este año nos invita a meditar una expresión del Libro de Job: «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies» (29,15). Quisiera hacerlo en la perspectiva de la sapientia cordis, la sabiduría del corazón.
1. Esta sabiduría no es un conocimiento teórico, abstracto, fruto de razonamientos. Antes bien, como la describe Santiago en su Carta, es «pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía» (3,17). Por tanto, es una actitud infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de quien sabe abrirse al sufrimiento de los hermanos y reconoce en ellos la imagen de Dios. De manera que, hagamos nuestra la invocación del Salmo: «¡A contar nuestros días enséñanos / para que entre la sabiduría en nuestro corazón!» (Sal 90,12). En esta sapientia cordis, que es don de Dios, podemos resumir los frutos de la Jornada Mundial del Enfermo.
2. Sabiduría del corazón es servir al hermano. En el discurso de Job que contiene las palabras «Era yo los ojos del ciego y del cojo los pies», se pone en evidencia la dimensión de servicio a los necesitados de parte de este hombre justo, que goza de cierta autoridad y tiene un puesto de relieve entre los ancianos de la ciudad. Su talla moral se manifiesta en el servicio al pobre que pide ayuda, así como también en el ocuparse del huérfano y de la viuda (vv.12-13).
Cuántos cristianos dan testimonio también hoy, no con las palabras, sino con su vida radicada en una fe genuina, y son «ojos del ciego» y «del cojo los pies». Personas que están junto a los enfermos que tienen necesidad de una asistencia continuada, de una ayuda para lavarse, para vestirse, para alimentarse. Este servicio, especialmente cuando se prolonga en el tiempo, se puede volver fatigoso y pesado. Es relativamente fácil servir por algunos días, pero es difícil cuidar de una persona durante meses o incluso durante años, incluso cuando ella ya no es capaz de agradecer. Y, sin embargo, ¡qué gran camino de santificación es éste! En esos momentos se puede contar de modo particular con la cercanía del Señor, y se es también un apoyo especial para la misión de la Iglesia.
3. Sabiduría del corazón es estar con el hermano. El tiempo que se pasa junto al enfermo es un tiempo santo. Es alabanza a Dios, que nos conforma a la imagen de su Hijo, el cual «no ha venido para ser servido, sino para servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mt 20,28). Jesús mismo ha dicho: «Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve» (Lc 22,27).
Pidamos con fe viva al Espíritu Santo que nos otorgue la gracia de comprender el valor del acompañamiento, con frecuencia silencioso, que nos lleva a dedicar tiempo a estas hermanas y a estos hermanos que, gracias a nuestra cercanía y a nuestro afecto, se sienten más amados y consolados. En cambio, qué gran mentira se esconde tras ciertas expresiones que insisten mucho en la «calidad de vida», para inducir a creer que las vidas gravemente afligidas por enfermedades no serían dignas de ser vividas.
4. Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. A veces nuestro mundo olvida el valor especial del tiempo empleado junto a la cama del enfermo, porque estamos apremiados por la prisa, por el frenesí del hacer, del producir, y nos olvidamos de la dimensión de la gratuidad, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. En el fondo, detrás de esta actitud hay frecuencia una fe tibia, que ha olvidado aquella palabra del Señor, que dice: «A mí me lo hicisteis» (Mt 25,40).
Por esto, quisiera recordar una vez más «la absoluta prioridad de la "salida de sí hacia el otro" como uno de los mandamientos principales que fundan toda norma moral y como el signo más claro para discernir acerca del camino de crecimiento espiritual como respuesta a la donación absolutamente gratuita de Dios» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 179). De la misma naturaleza misionera de la Iglesia brotan «la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve» (ibíd.).
5. Sabiduría del corazón es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. Tiempo para estar junto a ellos, como hicieron los amigos de Job: «Luego se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande» (Jb 2,13). Pero los amigos de Job escondían dentro de sí un juicio negativo sobre él: pensaban que su desventura era el castigo de Dios por una culpa suya. La caridad verdadera, en cambio, es participación que no juzga, que no pretende convertir al otro; es libre de aquella falsa humildad que en el fondo busca la aprobación y se complace del bien hecho.
La experiencia de Job encuentra su respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús, acto supremo de solidaridad de Dios con nosotros, totalmente gratuito, totalmente misericordioso. Y esta respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, permanece para siempre impregnada en el cuerpo de Cristo resucitado, en sus llagas gloriosas, que son escándalo para la fe pero también son verificación de la fe (Cf Homilía con ocasión de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, 27 de abril de 2014).
También cuando la enfermedad, la soledad y la incapacidad predominan sobre nuestra vida de donación, la experiencia del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisión de la gracia y fuente para lograr y reforzar la sapientia cordis. Se comprende así cómo Job, al final de su experiencia, dirigiéndose a Dios puede afirmar: «Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos» (42,5). De igual modo, las personas sumidas en el misterio del sufrimiento y del dolor, acogido en la fe, pueden volverse testigos vivientes de una fe que permite habitar el mismo sufrimiento, aunque con su inteligencia el hombre no sea capaz de comprenderlo hasta el fondo.
6. Confío esta Jornada Mundial del Enfermo a la protección materna de María, que ha acogido en su seno y ha generado la Sabiduría encarnada, Jesucristo, nuestro Señor.
Oh María, Sede de la Sabiduría, intercede, como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que en el servicio al prójimo que sufre y a través de la misma experiencia del dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabiduría del corazón.
Acompaño esta súplica por todos vosotros con la Bendición Apostólica.
Vaticano, 30 de diciembre de 2014
Memorial de San Francisco Javier
Franciscus
© Copyright - Libreria Editrice Vaticana

martes, 23 de diciembre de 2014

FELIZ NAVIDAD

"Unidos en la esperanza del nacimiento del Niño Dios, los blogueros nos aceramos la portal con la humildad de pastores y los sabios de oriente. Unos escuchando al Ángel anunciar y los otros, leyendo en el Cielo las indicaciones de Dios. Les deseamos que pasen una feliz Navidad y que la Gracia de Dios les llene."

lunes, 17 de noviembre de 2014

MI DOMINGO. igual

Hace mucho que no escribo sobre "Mi Domingo" y es que cada uno es repetición del anterior. Ha pasado el verano con toda su lumbre y dio paso al frío. Aquí en Mexicali no hay otoño propiamente hablando.... o nos asamos o nos tapamos. 

En este domingo que vivimos igual que los otros, tuve la alegría de la llamada de mi hermana, eso alegró la mañana. 

Helena ha estado tranquila, contenta, pero no podemos incursionar mucho fuera de las rutinas porque empieza la inestabilidad. Como cada domingo, fui a misa de 7 de la mañana. Tenemos un nuevo custodio franciscano que hace que la misa sea una verdadera interiorización y al mismo tiempo plataforma de lanzamiento hacia el "Otro" y los otros. "me gusta mucho". He estado utilizando esa frase con frecuencia cuando me refiero a Fray Gabriel. Al terminar la misa vengo pronto para la casa, JA se va a la misa de 9 y Helena y yo oímos la misa en TV local y en vivo. Esta vez, estuvo atenta, repitió muchas veces que Jesús esta en la hostia. 

Comimos (un pozole fraude) porque era de res y no de puerco... luego vimos un poco de tele, recibimos visitas... y por la tarde vino la querida nina (madrina) de Helena. Por la noche un rato leyendo un buen libro sobre la vida de San Agustín y.... terminó nuestro domingo. 

Y aunque la sucesión de días durante la semana parece monótona, nada es especial, sin embargo, en domingo esa rutina, ese no pasar nada, es al mismo tiempo un vivir sumergidos en la presencia de Dios, el domingo es de Él.... todos los días son de Él.... pero en el domingo está tan abrazado a mi que no puedo pensar mas que: "es domingo"... hoy es domingo y con eso la semana empieza de nuevo, hay fuerzas para lo que venga.... la esperanza se refuerza, la alegría se aviva.... Dios resucita en nuestra alma y todo se vuelve nuevo. ¡Qué bueno es ser cristiano! la rutina no asusta, no deprime, no cansa..... está todo dentro del abrazo de Dios.
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