domingo, 27 de mayo de 2012

MISIÓN CONTINENTAL. Confesión gozosa


Tu alegría más profunda nace de tu propio corazón. En Jesús te has encontrado con el Padre y experimentas que "su gracia vale más que la vida". La comunión con Dios es tu bien más preciado. Tu alegría procede de la confianza y la vives en la esperanza. Es el momento de tu confesión gozosa al Señor: "ningún bien tengo sin ti". Y haces una jerarquía de valores: te entusiasma haber encontrado un tesoro escondido y una perla preciosa. Empiezas a dar importancia a lo que merece la pena y a quitársela a "lo que hoy es y mañana no aparece". Descubres que la vida hay que mirarla en su conjunto y no en los momentos de pena o de gloria, a los que sientes la tentación de agarrarte como tu única tabla de salvación. Jesús te ofrece salvar tu vida desde el sentido de Dios. Es el que buscas, aunque, muchas veces, lo hagas a tientas. Cuando acoges a Jesús como "camino, verdad y vida" experimentas que no eres un buscador a ciegas. Te sentirás, a veces, desconcertado, darás tropezones, tu experiencia podrá ser tu propio aguijón, pero podrás confesar con San Pablo: "sé de quien me he fiado y estoy seguro". Tu confianza se hace alegría serena.

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